El cumpleaños

El cumpleaños

Hoy quiero que imagines conmigo… 

 

Me levanto con una sonrisa en mi rostro, en esta vida se tiene que disfrutar de cada pequeño detalle por efímero que sea.  

Rebusco en los cajones y preparo todo lo necesario para la sesión que me han pedido. Mis juguetes van a disfrutar de una piel suave, nívea, dulce y excitante, tal y como es ella; sensual hasta la medula.  

Tengo que preparar mi mente, mi cuerpo, mi alter ego. Me ducho y mientras el agua caliente cae sobre mi piel, mi cabeza ya empieza a imaginar como usaré su cuerpo, como le haré disfrutar. Es un regalo poder dominar a una belleza como ella. Y eso que el cumpleaños es de su compañero de juegos, pero oye a nadie le amarga un dulce y si su fantasía es que me encargue yo de su placer por mí perfecto.  

Llego al lugar y me recibe una mujer dándome paso a la habitación mazmorra donde ya se encuentran la pareja. Nos saludamos amigablemente, a ella la conozco bastante y me presenta a su compañero, con el que ya hablé la noche anterior así que tengo claro que es lo que quiere. El caballero, es amable, divertido y me siento tranquila en su compañía. Le felicito por su cumpleaños y nos sentamos alrededor de una pequeña mesa, donde ella ha preparado un pequeño catering y una botella de cava, entre nosotros se puede respirar complicidad, estoy segura que voy a disfrutar de la sesión. Sé que ella está nerviosa, el juego le excita, pero le crea incertidumbre.  Pero en el fondo sabe que está en buenas manos.  Sé que necesita y hasta donde puedo llegar. 

Llega el momento. Él se levanta y baja las luces de la habitación para que nos podamos cambiar de ropa. Se desviste dejando su frágil cuerpo expuesto a la desnudez, solo se cubre con unas medias, liguero y tacones. Yo me pongo mi vestido de vinilo semitransparente y mis tacones. 

Estamos listas. Él suelta un ¡Owww! Dando a entender que le gusta lo que tiene delante. Nos coloca en medio de la sala y tal como me dijo me pone a mi primero una venda en los ojos, para que ella lo vea, después oigo sus pasos dirigirse a ella y sé que le está cubriendo los ojos. No pasan ni unos segundos que noto como se acerca y me retira la venda. El juego está a punto de comenzar.  

Sonidos, movimientos de los dos por la sala. Yo ando en silencio sin que mis tacones resuenen por la madera, ella está en medio de la habitación con los ojos cerrados y expuesta. Hay un momento que dice si ha entrado alguien más a la habitación, me encanta esa sensación que tiene de no saber qué va a pasar. No hablo, he dejado todo listo encima de la mesa. Él se prepara, afina las cuerdas de la guitarra, se sienta frente a nosotras y empiezan unos acordes maravillosos, sus manos ponen música al momento y me parece de lo más excitante y hermoso.  

Me acerco a ella, agarro su melena con suavidad, pero con esa seguridad característica de estar marcando la iniciativa. La mantengo de pie y la rodeo, quiero que sienta mi presencia. La música me va ayudar a imponer un ritmo en la sesión, seguiré los acordes de la guitarra según sea más sensual o quizá más intenso.  

Primero necesito que se relaje, que su piel se active a las sensaciones y que su cuerpo empiece a estar receptivo. Así que cojo dos plumas y me dedico a recorrer suavemente su piel, voy mezclando la suavidad con la fuerza de mis uñas arañando su epidermis, despertando así su cuerpo a sentir.  

— Déjate ir— le susurro.  

Voy marcando una constante a su piel que se eriza y puedo leer en ella que empieza a estar receptiva a las sensaciones. La melodía es suave, tranquila y yo voy marcando un ritmo de caricias constantes, relajo su cuerpo y preparo su piel. Necesito que esté segura y que cada caricia o leve arañazo le provoque ese constante placer que luego mezclaré con dolor imperceptible pues ya tendré su mente y cuerpo preparado.  

Llega el momento de subir un poco de nivel. No sé si os lo he dicho, pero ella no es sumisa, y estas sensaciones son nuevas. Con un movimiento seguro, firme y sin dejar que dude hago que apoye sus manos en los brazos de la silla que he colocado frente a ella, dejando su cuerpo expuesto y doblado hacía mí. Ofreciéndose. Acaricio sus nalgas de manera suave, subo por su baja espalda dejo que note la cercanía de mi cuerpo aprisionando al suyo. Los acordes siguen llenando de música la habitación, él observa mientras se intenta concentrar en tocar.  

Dejo las plumas y cojo mi rueda de Waternberg, para quien no la conozca es un utensilio medico usado para comprobar los reflejos nerviosos y la sensibilidad. La hago rodar por su piel, entre sus muslos, mientras compruebo la humedad de su entrepierna que ya empieza a ser latente.  

Ha llegado la hora de que su piel pruebe las tiras de mi flogger, la melodía empieza adquirir un tono más intenso y me dejo llevar por mi instinto en busca del placer de ella. Empiezo rozando su cuerpo, de arriba abajo, recorro su piel con las tiras para que vaya reconociendo el tacto. Ella aún tiene los ojos vendados. Antes de empezar azotar sus nalgas, las acaricio y le susurro… 

—Siente las caricias. Si voy demasiado fuerte avisa— Ella emite un leve, sí. Y yo me centro en despertar sus gemidos, en avivar su piel.  

Giro en círculos el flogger rozando con la punta sus nalgas a un ritmo cada vez más rápido, sé la sensación que tiene, sé cómo siente la caricia en su piel y como el aire que circula con la velocidad de mi muñeca le provoca una sensación extraña, pero a la vez placentera, sentir como las tiras golpean su carne y como esa leve brisa suaviza su piel es algo nuevo. Sus gemidos empiezan acompañar mis azotes, mi mano de vez en cuando acaricia su sexo, humedeciendo su entrepierna, me acerco y dejo que respire un momento mientras mis manos toman sus pechos, los aprieto, le beso la espalda, le araño, y vuelvo a empezar de nuevo. Su respiración se entrecorta y cuando vuelvo con el flogger de nuevo, sé que en cuando mis dedos se adentren en su sexo llegará la esperada liberación de su placer. Y eso no tarda en ocurrir, se estremece y se deja caer apoyando parte de su cuerpo como puede en la silla, mientras sus piernas tiemblan. Pero no tengo pensado ningún descanso, le retiro la venda de los ojos, le sonrío le doy un leve beso en la boca y le hago sentar en la silla.  Dejo que tome aire, acaricio su piel para no perder el contacto con ella pues quiero que me sienta, que siga percibiendo mi roce, tiene los ojos cerrados y las piernas también, con un gesto firme con mi pierna se las abro. La tengo de nuevo expuesta, su sexo está completamente abierto y utilizo las tiras de mi flogger para volver a provocar la estimulación en su cuerpo, se estremece, jadea, gime y de mientras de fondo el sonido de los acordes acompaña a su propia excitación. Se deja ir y provoco en ella de nuevo un orgasmo que estoy segura que no acaba de entender ¿Cómo me he podido correr solo con los golpes de las tiras en mi sexo? Eso y otras ideas pasaran por su cabeza en ese momento, pero aún no he acabado con ella.  

La levanto de la silla y le dirijo hacia la cama, esta vez se pone ella misma a cuatro patas dejándose llevar, he dejado de lado el flogger y ahora lo que uso es mi propia mano, azoto sus nalgas, entre azote y azote le acaricio. De vez en cuando beso su espalda o con mis uñas araño su sensible piel, pero repito el ritual de azotar su culo y de nuevo hundo mis dedos en su sexo marcando un ritmo acelerado dentro de ella y compagino con los azotes y la propia música que sigue siendo parte de una sesión diferente y muy sensual.  Vuelve a tener un orgasmo provocado por la intensidad de mis movimientos y por la propia excitación. Una vez enciendes la llama si avivas el fuego cada vez es más fácil provocar que este explosione como un volcán.  

Podría seguir contando como acabo la sesión, pero como siempre prefiero que imagines…  

Déjate llevar y piensa en ello…  

«Fumo tranquilamente sentada, relajada, observo como hablan tumbados en la cama, como él acaricia el cuerpo de ella, cuidandola, mimando a su pequeña reina. Ahora es su momento, mientras yo tranquilizo mi propio deseo y siento que ha disfrutado cada momento, cada segundo, cada sensación…» 

Feliz Cumpleaños Señor T  

 

Vuestra Bernice 

4 comentarios en “El cumpleaños

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