Sed

Sed

Sed de besos, de ti, de caricias escondidas debajo de la mesa, de un leve roce en mi rodilla, levantando mi falda, suavemente mientras la fina tela eriza mi piel y el calor que desprende tu mano me provoca un nudo en el estómago. Sed de tu mirada, de la cual huyo, sonrojada, por lo que tu mano empieza hacer en mi entrepierna, sed de que me poseas mientras empieza a costar mantener la compostura y ya has apartado la minúscula tela de mi tanga y sonríes pues compruebas mi humedad e intento seguir comiendo, para evitar las miradas extrañas de los que nos rodean. Sed, mucha, sed, me cuesta tragar y mi mano temblorosa coge la copa de vino, mientras me la llevo a mis labios para humedecer el ansia que me estás despertando, te adentras en mí y casi me atraganto con el líquido que se escapa de la comisura de mis labios. Te acercas más para que tus movimientos sean disimulados, dejo la copa y carraspeo, te miro, suplicando que no sigas, pero no piensas parar. Sed, sed de sexo, de ser tuya. Mientras seduces mis resbaladizos labios con tus dedos y la fricción se hace cada vez más constante y me tengo que ahogar en mis gemidos, en murmullos silenciosos, mientras te digo.

-Señor, pare, por favor…

Y sonríes, al final conseguirás que blasfeme y pierda la compostura.

-Shhhh, gatita. Que eres una Dama, compórtate, pequeña.

Sed, esa sed, que no se apaga, que me provocas en la piel, mientras por mis muslos ya desciende mi humedad y tu perversa insistencia sigue jugando con mi clitoris henchido, dolorido. Y yo deseando explotar, moviendome  en la silla. Buscando la manera de que acabe, sed, mucha sed. Pero me frenas y me ahogo en gemidos, me muerdo el labio, mis mejillas están calientes, el sudor resbala por mi espalda y la comida se enfría pues ya no puedo probar bocado, solo centrarme en lo que tus dedos hacen debajo de la mesa.

-Come.

Te miro, sé que si no lo hago, luego vendrá un castigo. Sigues jugando conmigo y me llevo lo que puedo a la boca, tratando de masticar despacio, pero me cuesta centrarme, sigue poseyendo mi cuerpo con solo tus dedos y mi sed, esa sed, crece por momentos, deseando ser bebida por ti…

Tus dedos húmedos se siguen paseando por mis labios y ya no puedo más, no puedo. Y sé que lo sabes, por como me miras, con esa mirada de “cuidado, no tienes permiso”.

Intento escapar tirando la silla para atrás, pero me frenas.

-Quieta.

Nos traen el segundo plato y ni quiero mirar al camarero, estoy segura de que se dará cuenta de que algo pasa si lo hago.

-Tienes que aguantar hasta el postre. Cuando te comas todo, dejare que te corras. Pero no pienso parar de estimularte hasta entonces.

– Sí mi Señor- le respondo, cómo puedo.

Sigue, con sus dedos dentro, jugando, entrando y saliendo y mi sed, crece y crece, mi deseo, mi lujuria, mis demonios se revuelven, queriendo salir, gritar. Pero no puedo y entre bocado y bocado y en silencio me trago también mis jadeos, mis ganas de soltar todo lo que la boca de mi estómago detiene, esos espasmos que no dejo que me lleven al clímax, ese ahogo, sed tengo sed.

Por fin ha llegado el postre, por fin encontraré la paz, la calma que mi castigado cuerpo pide, mis muslos están completamente mojados, creo que cuando me levante de la silla habre dejado un charco en ella y tendré que cubrirme con algo la increíble mancha de mi humedad.

Me relamo los labios al ver el chocolate del postre, me encanta, mientras sus dedos siguen explorando mi interior, me empiezo a deleitar en ese  dulce, ummm…Esto va mal, muy mal, el dulzor que provoca en mi boca el chocolate hace que mi excitación ya de por sí exagerada quiera explotar en cada bocado y lo sabe, por la sonrisa que me regala. Empieza aumentar sus caricias en mi coño, sus dedos resbalan, las ganas me matan, cada cucharada de ese placer me provocan gemidos, unos silenciosos, pero que no dejan de estar presentes en la mesa. -¿ Qué pasa pequeña, ya no puedes más?

No le puedo contestar, es la última cucharada de esa ambrosía que se derrite en mi paladar, la miro, mientras mi sexo se contrae entre sus dedos queriendo por fin dejarse llevar y explotar.

-Come y correte.

Mis pupilas se dilatan al oír la orden, mi estómago se relaja, mis muslos se abren, me meto la última cucharada, lamo y mientras se deshace dentro de mi boca y el dulzor me embriaga, me dejo ir…en silencio. Por fin mi sed, se apaga.

Saca su mano de debajo de la mesa, sus dedos están mojados, me los acerca a la boca y me dice…

-Limpia, pequeña.

Miro a un lado y al otro, pero ya qué más da, me deleito en sus dedos y el sabor de mi sexo se mezcla con el dulzor que me ha dejado el chocolate….

Vuestra Bernice

 

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