Naturaleza

Naturaleza

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Naturaleza

«El remarcado sonido del agua repiquetea incesante en su viaje, mientras a la deriva escapa entre los pequeños huecos que la montaña ha dejado, buscando de nuevo el nacimiento de su fluir, retomando el camino que perdió entre las pequeñas grutas, uniéndose entre ellas las pequeñas gotas surcan por la tierra el viaje que les llevará de nuevo a su esencia…»
Nuestra bella esencia, esa que tanto se infravalora, esa que se juzga como débil, esa que se entiende por perversidad, no es más que la búsqueda de la libertad. 
Cierra los ojos…
Atrévete a sentir;
La venda cubría mis ojos, la respiración se entrecortaba mientras de rodillas podía escuchar sus pasos por la habitación, sin más agarró mi cabello y me tiró hacía atrás, provocando una sacudida de placer en mi bajo vientre, una quemazón extenuante despertaba mis sentidos dormidos, aquellos que siempre se abrían cuando mi mente y mi cuerpo era entregado. No podía ver su rostro, ni los gestos tan conocidos por mí, tan solo sentir la expectación que se creaba entre nosotros. Mi piel se erizo cuando su mano rozó mi nuca y descendió lentamente por mi espalda desnuda, mezclándose el sentimiento de anhelo que percibía con el simple hecho de estar allí.
Volvió a tirar de mi hacía atrás agarrándome del pelo, desestabilizando mi cuerpo de la fuerza que ejerció, al momento noté el sabor de su boca ahondando en la mía, mientras los besos devoraban los gemidos en un ahogado suspiro, y mi sexo se humedecía por la necesidad de ser parte de él. Dos en uno, esa es la sensación cuando la comunión de nuestros cuerpos bailan entre el placer y el dolor. Mi corazón latía con fuerza, y pude sentir el suyo cuando me levantó y abrazó; diciéndome al oído: Te quiero…
Quería deshacerme los labios con los suyos, no olvidar el sabor que nos unía. Me tumbó en la cama dejando caer mi cuerpo, mientras sus manos recorrían mi piel y sus dedos se perdían en la humedad de mi sexo.
Mi universo se expandió y se contrajo al influjo de sus dedos, en ese constante crepitar, siendo implosión de deseo cuando el primer azote me pilló desprevenida y mi sexo fue marcado, haciendo que mi cuerpo reaccionara esparciendo vida, derramando sensaciones. Sus brazos me abrazaron, sus labios recorrieron mi nuca, su cuerpo se estrechó contra el mío y en ese momento me poseyó, en una bizarra comunión, en un cataclismo de lujuria, en un deseo más allá de lo predecible…sintiendo la llamada de la propia naturaleza…


Vuestra Bernice

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