Cuerdas

Cuerdas

shib

 

Estaba arrodillada en el suelo, solo llevaba puesto un fino body de lencería negra. Mi vista al suelo y mis palmas hacia arriba sobre mis rodillas. Él se acercó hacia mí, desprendía un olor muy característico como a madera, a bosque y rocío. Me había dicho que tenía que centrarme en las sensaciones, elevar mi mente, entrar en un estado de relajación que me llevara a disfrutar de sus cuerdas en mi piel y de sus manos anudándome. Por lo tanto acompasé mi respiración y me empecé a centrar en esas sensaciones y su olor característico me ayudó a solo pensar en Él.  Puso las cuerdas a un lado, cerca de mi cuerpo. Y se arrodillo a mi espalda sintiendo su pecho cerca de mí. Pude sentir el palpitar de su corazón, cerré los ojos dejando que el sonido de sus pulsaciones me adentrará y se empezará a entrelazar con el mío, siendo así acompasados, uno solo. Su mano derecha se deslizó por mi clavícula con un roce suave, siguió desplazándose hasta mi nuca apartando suavemente mi pelo, siguió y me agarro el mentón y con fuerza y de un solo movimiento hizo que mi cabeza fuera hacia atrás y mis ojos le mirarán directamente, se acercó a mi oído y me susurro:

-Quiero atarte a mí, quiero que en tu piel mis marcas, quiero que seas mía. Y en cada nudo experimentes la liberación que te otorga estar atada a mí.

Mientras me decía eso balanceaba mi cuerpo al ritmo del sonido de su voz, muy suave, meciéndome en sus brazos, sutilmente, dominando mi cuerpo como si fuera una muñeca de porcelana. Ese movimiento tan lento, tan efímero me transporto a su mundo haciendo que fuera en sus manos SUYA, mientras seguía con esa suave fluctuación sus labios acariciaron los míos. Sentí su aliento adentrarse en mí, cuando susurro en mi boca. MÍA.

Alargó su mano mientras me dejaba apoyada en su pecho y cogió la primera cuerda. Empezó a vestir mi cuerpo con sus manos hábiles y expertas, sin apretar demasiado, pero sin ser demasiado flojo, con una rapidez inverosímil, mientras mi cuerpo era moldeable  y yo me dejaba llevar por cada movimiento que realizaba conmigo. Mi cuerpo laxo seguía la corriente que la marea de sus cuerdas ejercía sobre mí. Mis músculos eran plastilina entre sus manos. Y sentía el calor de ellas posadas sobre mi piel despertando a su musa, siendo simplemente su reina, abrazada a Él y sus cuerdas.  

Me dejó completamente atada y privada de movimientos en el suelo, mientras me admiraba, esa privación no hizo más que despertar en mí la percepción de unión con Él, confianza que crecía en el confinamiento de sus cuerdas en mi cuerpo. Cogió mi cuerpo entre sus brazos y me osciló entre ellos como cuando se arrulla a un bebé. Sintiéndome pequeña entre su fuerte cuerpo y  a la vez enorme pues era su todo. Me habló suavemente, aunque sus palabras podían sonar desagradables a otros oídos para mí eran especiales de su boca.

-Mi zorra, mi adorable Gata. Eres mía. Solo para mí.

No podía solo que asentir mientras me empezaba  a retirar las cuerdas poco a poco, esta vez no era veloz en su movimientos, eran pausados calmados y su respiración entrecortada. Pude notar debajo de mis nalgas  que se apoyaban en su pelvis como su miembro henchido palpitaba fluctuando entre el deseo y el hecho de sentirme de esa manera, tan suya.

Sosegado, lento muy lento, pausado, me desato creando de ese momento un acto casi ceremonial mientras sus labios besaban las marcas que las cuerdas habían dejado en mi piel. Me tumbó de nuevo para poder acabar de desatar todos los nudos y yo me deje  llevar por sus movimientos, mientras sus manos y su roce ya habían surgido el efecto esperado en mí y mi sexo estaba húmedo.

Note como la última cuerda se deslizaba por mi piel y puede admirar mi epidermis marcada, un sendero que llevaba puesto su nombre. Cuando esa cuerda cayó al suelo, él simplemente me sonrió, me agarró de nuevo en sus brazos elevándome del suelo y me dirigió hacia una mesa que había al fondo de la habitación allí me bajo de nuevo e hizo que me apoyara contra la mesa, dejando descansar la mitad de mi cuerpo sobre ella mientras mis nalgas eran acariciadas por su mano. Al rato pude escuchar como bajaba su cremallera y  a la vez su otra mano desplazaba la poca tela que tapaba mi sexo.

Me penetro de una fuerte estocada haciendo que mi estómago se clavara en la mesa, pero no importo pues sentí  su delirio y su amor en esa primera embestida. Siguió penetrando, ahondando en mí, fuertemente mientras la fricción me provocaba gemir y el roce de mis pechos contra la madera provocaba que mis pezones se friccionaran a cada movimiento.

-¿Eres mía? ¿Eres mía?- me dijo entre gemidos, entre embestida y embestida.

-Sí mi Amo, suya, solo suya- Contesté entre jadeos.

Con una fuerza devastadora dio su última estocada dentro de mí gritándome…

-¡Ahora córrete!

Pude sentir como se vaciaba dentro de mí mientras yo culminaba a la vez, con Él. Siempre suya. Siempre mío.

 

Vuestra Bernice

2 comentarios en “Cuerdas

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