Cuando somos Tres…

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Un día tras otro. Horas y minutos, segundos, conversaciones que llenan un todo que alimentan nuestra propia manera de ser, creando un vínculo que es nuestro, aceptando nuestra carencias y creando expectativas con besos que llevan sabor a indecencia.

Bésame y desnuda tu alma con el corazón me dices mientras a nuestro lado reposa su cuerpo.

Su larga melena se deja caer sobre la almohada mientras me abrazas y susurrando haces que mi alma se relaje y se sienta querida, las horas compartidas han pasado factura a nuestros cuerpos extenuados…

 

Horas antes…

 

Entro en local expectante a todo lo que va a pasar. Me he puesto un vestido corto, muy corto, sin ropa interior que entorpezca el paso de tus manos por mi piel, muero porque me toques, por tu boca, por tu manera de buscar mi mirada con la tuya. No tardo en ver que estas apoyado en la barra con un vaso de whisky con hielo en tu mano, observando a tu alrededor. Las mujeres no pasan desapercibidas ante tu presencia, ni tu mirada profunda. Tus labios carnosos abrazan el filo del vaso y siento celos de que no sean mis labios, pero sigo un rato más entre las sombras, viendo como se te acercan y se ponen hablar contigo, sonrío, no lo puedo evitar, sé que eres mío y que todo es un juego. Una morena de larga melena se ha separado de sus amigas y se acerca peligrosamente contoneando sus caderas, la observas, yo te observo y veo en tu rostro esa sonrisa ladina que me tiene enamorada. Va a decirte algo pero con la música puedo entender que no la has escuchado bien y te acercas más a ella rodeando su cintura con tu mano. En ese momento me acerco a la barra donde sé que por fin me podrás ver, levantas la vista y nuestras miradas se entrelazan, siento como arde tu mirada.

Me guiñas el ojo mientras presupongo que ella sigue hablando contigo pues afirmas con un gesto. Empieza a sonar una canción que me gusta, dejo mi copa y sin dejar de mirarte me pongo a bailar donde sé que me puedes observar, donde sé que no pasará desapercibido cada uno de mis movimientos, me dejo llevar y sigo acercándome. Un tipo me ha rodeado y tu rostro ha cambiado me deshago de su roce y me dirijo hacia ti, la mujer se ha percatado y te mira extrañada. Te sonrío cuando estoy a unos centímetros de tu boca, pero la miro a ella y le rozo la mandíbula con mi mano, me devuelve la sonrisa y la agarro de la cintura mientras iniciamos delante tuyo un baile sensual con nuestros cuerpos, friccionando nuestras pieles, entrelazando nuestras piernas para sentir nuestro sexo. Mi mano se desliza por su nuca y adentrándose mis dedos entre su cabellera, tiró de su melena y mi boca entreabre la suya mientras nuestras lenguas se entrelazan. Has dejado tu vaso en la barra y tus manos rodean nuestras cinturas. Tú mano se pierde en mi entrepierna y compruebas que mi sexo esta húmedo, caliente. La mujer suelta de nuevo un gemido cuando le agarro el pelo con más fuerza y la dirijo hacia tu boca.  La besas y vuelve a gemir. Creo que el juego le está gustando. No tardamos en irnos de allí, la excitación es evidente y ella nos acompaña…

Nos observa y se puede vislumbrar la excitación que siente, te miro, me miras, y me acerco a ella que nos sonríe, la voy desnudando lentamente, acariciando su piel, besando su epidermis, despertando con el roce de mis manos cada una de sus terminaciones, provocar ese juego que tanto me gusta. Sus labios me buscan, se quieren fundir con los míos pero aún no es el momento.

—Shhhh, a mi manera preciosa— Le bajo las manos a los costados pegadas a su cuerpo, mis labios recorren su cuello, su piel se eriza y sigo sin dejar que me bese.  Mientras mi mirada se torna fría, dura, pero a la vez sensual, juguetona…

Tú estás observando, sentado a los pies de la cama mientras he dejado el cuerpo de la mujer desnudo, expuesto a nosotros.

Ella quiere tomar la iniciativa ¡Estas vainillas! Tanta prisa…

—No tengas prisa en querer comerle la polla tenemos tiempo de sobras—  Me mira extrañada, pero creo que se ha excitado. Bajo mi mano a su sexo ¡Húmedo! Sí, está excitada…

Te guiño un ojo y  sonríes. Ella está expectante, como me gusta tenerlas. Agarro su brazo con fuerza por la muñeca y se lo pongo por detrás de cintura, la giro de manera veloz y casi sin que pueda decir nada  la apoyo dejando sus pechos clavados y sus pezones rozando la fría pared. Todos mis movimientos son seguros, firmes, y a ella se le escapa un gemido. Estoy segura que no acaba de entender lo que va  pasar, pero aún así puedo notar como cada poro de su piel desprende excitación. Mi cuerpo se roza contra el de ella mientras mis labios recorren su piel, su espalda, y la mantengo sujeta no quiero que se mueva.

—Déjate llevar— Le susurro mientras le clavo mi rodilla en su entrepierna  y con un gesto fuerte le abro las piernas.

—Así. Mantente así— Mi mano se adentra en su sexo y todo su cuerpo se eleva ante la sacudida de ahondar en ella. La sigo manteniendo quieta, con fuerza. El poco espacio que tiene no deja que su cuerpo pueda moverse y con eso juego. Su deseo rebosa entre mis dedos, su humedad se acentúa por momentos. Saco mis dedos de dentro de ella y le doy un fuerte azote que la eleva de nuevo.

—¡Dios!— Suelta de pronto. Eso significa que le ha gustado.

Vuelvo ahondar en su sexo, una y otra vez. Mezclo ese placer con el calor que siente su piel cada vez que la azoto. Su humedad empieza a recorrer mis dedos y sé que está preparada…

—Vamos— Le digo al oído mientras la agarro de la nuca y la dirijo hacia donde estás tú.

La dejo a solo un paso de ti.

—Espera— Le digo. Me desnudo delante de ti, dejando caer la fina tela del vestido. Mi cuerpo está completamente expuesto.

Este momento es tuyo y mío, yo soy quien te desnuda, quien te atiende antes de que ella ni tan siquiera te roce. Retiro tu ropa dejando desnudo tu cuerpo y observando que tu excitación es más que evidente pues tu miembro enhiesto da fe de ello.

—Siéntese mi Señor, por favor— Te digo en voz baja al oído.

—De acuerdo pequeña. A ver que haces ahora— . Complacer sus deseos. Eso es lo que voy hacer, para eso soy su sumisa.

Me acerco a ella de nuevo y esta vez sí que la beso, adentrando mi lengua dentro de su boca y despertando en ella de nuevo el deseo, mientras mi mano agarra su cabellera enroscándose entre mis dedos.

—Ahora si. Arrodíllate y lame su polla. Dale placer —  sigo su cuerpo sin soltar su melena mientras ella empieza hacer su trabajo con sus labios sobre tu sexo. Mientras nuestros ojos no dejan de mirarse, de adentrarse el uno en el otro, manteniendo ese contacto, ese vínculo que nos hace nuestros.

La suelto y me arrodillo a su lado y vuelvo a estar donde más me gusta estar a tus pies. Mezclamos sabores y las dos jugamos con  tu miembro. Aquí ya empieza a notarse al animal que llevas dentro y tomas la iniciativa que has estado conteniendo hasta el momento. Te levantas y nos impulsas a la cama, dejando caer nuestros cuerpos y nos observamos con la mirada prendida en deseo. Ha llegado la hora…

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Vuestra Bernice , Su Bernice…

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