Amaranth

“Hace siglos que deambulo entre los que una vez fueron mi raza. Ahora son mi alimento, al principio los devoraba sin compasión alguna guiada por una fiereza desmedida de sangre y deseo, ahora respeto el alimento que me sustenta. Pero como cualquier ley que se precie, yo soy la cazadora.

Los sonidos de la noche me indican que ya ha llegado el momento de mi despertar. Y embriagada por el aroma sensual de los humanos que pasean tranquilos a metros de donde me encuentro, despierto a la tenebrosidad.

Emerjo de entre mis sábanas negras de raso que han acariciado mi piel en mi sueño diurno y, abro la ventana que tenía cerrada a cal y canto evitando así que el dañino sol adulara mi piel pálida y suave; casi traslúcida.

Afino mi oído a leves movimientos que llaman a mi ser oscuro mientras mis afilados colmillos despuntan hambrientos entre mis labios carnosos.

Mi sed reclama ser atendida y turbada por su fuerza descontrolada y sé  que ha llegado la hora de salir de caza.

Me visto con mis mejores galas de vampiresa, un vestido negro acorde con la moda que se lleva en esos momentos y enfundada en unos tacones de vértigo me dispongo alimentarme.”

Amaranth no es una vampiresa habitual al uso, ya son muchos siglos errando entre mortales y aunque su naturaleza le obliga a beber sangre para poder sobrevivir, ya hace años que se alimenta de la escoria humana; entre ellos asesinos y violadores que son su plato fuerte. Y para ella una manera de resguardar quizá la poca humanidad que cree poseer o una manera de pagar por sus pecados de sangre en siglos pasados.

Como una sílfide emergiendo fluye entre la gente con andares gráciles que le hacen parecer un ángel, lo que ellos no saben es de su verdadero linaje ni su verdadera especie.

Por su propósito de no beber sangre de humanos de buen corazón ese mismo linaje le ha dado la espalda, negando algo muy necesario para su raza. El apareamiento.

Desprovista del macho de su raza que calme su sed sexual vaga sola por las calles; las relaciones carnales con humanos no llenan el vacío que siente. Y al haber sido impugnada de un derecho que se le negó frente su rebeldía se encuentra estigmatizada por los suyos y si los humanos  supieran de su verdadera naturaleza sentirían miedo ante su presencia.

Con el paso de los años ha desarrollado un especial olfato para detectar sabandijas en los bares de más mala fama de la ciudad, lugares por donde se mueve en sus noches de cacería.

Guiada por la pestilencia de un ser depravado entra en uno de tantos locales inmundos que allí se agolpan, lógicamente su presencia no pasa inadvertida, todos se giran al ver entrar a la belleza de piel nívea, que con curvas como parar un tren y, con una cabellera negra y larga como la noche  se contonea por el local mirando a todos los que allí se encuentran con unos ojos de un azul tan sereno que podrían decir que relucen por si solos dejando a más de uno babeando sin poder salir de su asombro ante tal hembra.

Pero ella sigue un rastro, el rastro de ese humano decadente que la atrae sin medida hacia él. Hasta que se encuentran sus miradas.

Encarnizan un baile de miradas y movimientos tan sutiles que no son perceptibles al ojo humano. Se olfatean en la lejanía como animales desprovistos de humanidad que son.

Ella no sabe quién o qué es, pero de lo que está ahora segura es de que no es humano. Aunque su olor es extraño, mezcla entre humano y vampiro. Quizá un recién convertido.

— << ¿Quién eres? >>— Intenta establecer un contacto mental; entre los de su raza es normal.

El hombre se remueve nervioso, ella sabe que le ha escuchado. Pero no debe de tener aún la capacidad de responder.

El olor de sangre invade sus fosas nasales, no hace mucho que se ha alimentado y seguramente el cadáver aún estará cerca. Se dirige al baño impulsada por el olor que desprende la esencia humana.

Puede percibir la presencia del hombre detrás de ella, pero está tranquila. No siente a su maestro por ningún lado, no cree que este acompañado.

—<<Sé que me estas siguiendo>>— él se para al oír de nuevo la voz de ella en su cabeza.

Amaranth avanza sigilosa por el oscuro pasillo, embriagada por el aroma. A lo lejos distingue una puerta y, su olfato la lleva derecha a ella. Cuando está cerca sus colmillos sobresalen de sus labios dulces y deseables, mientras cierra los ojos aspirando el dulzor que emana a través de la madera y, mueve su cuello de un lado a otro extasiada. La sed se apodera de ella y abre la puerta de golpe para encontrarse con un amasijo de cadáveres esparcidos por la habitación.

—<< Eres un iniciado. Aún no controlas la sed>>— le dice sin tan siquiera girarse, sabe de sobras que la observa. Al igual que percibe el deseo que existe entre los dos y que ella está intentando controlar. Pero él no controla sus instintos y en cualquier momento puede saltar sobre ella…

—Tendré que enseñarte a controlar tus impulsos…— Un gruñido sale de la garganta del vampiro, que sigue observándola con su miembro henchido.

Sabe de sobras que el deseo que siente es casi doloroso pero lo mantiene a distancia de ella, mientras degusta la sangre de los hombres que en ese cuarto han visto la muerte.

— << ¿Dime tu nombre?>>

—David.

Tiene una voz que destila sensualidad, le cuesta no abalanzarse sobre él, se limpia de los labios  los restos de la sangre que ha bebido y él vuelve a emitir ese delicioso gruñido de apareamiento, que le está volviendo loca.

— ¿Y tu maestro? — Le dice poniéndose a solo un metro de él. Mientras le observa más de cerca y comprueba que es un hombre muy atractivo de tez morena, ojos color miel, labios carnosos y de casi dos metros de altura. << Un espécimen de lo más apetitoso>>

—No lo sé. Desperté convertido en el monstruo que soy ahora y, no sé nada más. Eres la primera que encuentro, que es como yo.

—Sígueme.

—No sé quién eres…

—Amaranth, es lo único que debes de saber. <<Por ahora…>>

Ella sabe que él no podrá rechazar la invitación.

Algo que no acaba de comprender le vincula a ella de una manera dolorosa y placentera a la vez y, desde que ha entrado en el bar tiene la polla empalmada, no consigue relajar ni un solo musculo.

La sigue y no puede dejar de mirar las nalgas de la mujer abducido por su vibrante oscilación.

A ella se le dibuja una sonrisa lasciva en su boca; sabe el poder que ejerce.

Cuando dos de su raza son compatibles sexualmente, el fervor es tal que  pueden llegar a matarse si no controlan la furia desmedida de su acto sexual… Y una vez apareados es para siempre.

Llegan al hogar de la vampiresa, su terreno. Ha controlado demasiado el ardor que su piel destilaba en presencia de David y, necesita ser tomada por él de manera lujuriosa y desmedida.

Él entra detrás de ella, observando, cauto y excitado al olor que desprende la hembra, lo lleva grabado a fuego. Huele a sexo.

Una vez dentro ella sirve dos copas de sangre de su reserva y pone música mientras admira el cuerpo escultural del macho…sisea.

La boca se le hace agua. Empieza el juego, un baile de movimientos entre los dos, un contoneo sugerente entre miradas y sonidos más cercanos a los propios de animales que a los humanos.

En un movimiento veloz y con los colmillos asomando de sus labios, él la atrapa. Mientras su nariz recorre su cuello inhalando su aroma y con su lengua humedece la zona.

Ella  fricciona  sus nalgas contra el miembro henchido de él mientras la tiene aprisionada entre sus brazos desde atrás. Con sus dos manos atrapa sus pechos turgentes, llenos, clamorosos y de un solo movimiento rápido, fugaz y brusco la estampa literalmente entre la pared y su gran cuerpo.

Su rápida mano levanta su vestido con agitación y puede oler el aroma que desprende que le hace de nuevo soltar un gruñido gutural. Y de mientras sus dedos ahondan en su sexo, muerde su cuello con fiereza animal…

El sabor metálico de la sangre de la hembra le produce tal exaltación que ahonda más profundo si cabe en el sexo de ella con movimientos salvajes, mientras ella jadea. Está atrapada por la fuerza del macho que le deleita con sus dedos, mientras su vagina se contrae sin medida a esos fuertes dedos que la follan de manera posesiva.

—Quiero que me folles— le inquiere descontrolada. David saca sus dedos de dentro de ella de manera brusca y, observa a su alrededor, ve la cama; sin preámbulos agarra a Amaranth en brazos y la lanza contra el lecho de sábanas negras.

Ella tiene una necesidad imperiosa de sentir su verga sublime dentro. La carestía de buen sexo en siglos hace que sus colmillos despunten enloquecidos y, de un sublime movimiento se coloca encima del macho mientras muerde encarecidamente el cuello de él, siente el fluir de su sangre por sus venas y, es tan placentero.

Le retira las ropas de manera apremiante mientras él hace lo mismo con la de ella, es una locura de manos desnudando a una velocidad casi imperceptible.

Cuando ve su polla, brillante, ancha, venosa solo puede pensar en empalarse en ella de un duro golpe certero que casi la deja sin respiración. Con movimientos alocados, arriba y abajo, arriba y abajo se empala con fuerza bruta; para un ser humano sería imposible seguir ese ritmo duro y dominante; David siente como si el coño de ella le estuviera devorando, mientras agarra sus pechos que masajea de manera violenta y empieza a pellizcar sus pezones sin compasión. De nuevo de un solo movimiento David la gira, el cuerpo de la hembra a cuatro patas deja ver la oquedad negra de su portentoso culo, mientras por sus piernas desciende su flujo a chorros.

Sin pensar él da un golpe certero y se hunde dentro de sus duras posaderas, entrando y saliendo, entrando y saliendo con fiereza animal, sonidos guturales se les escapan a los dos de su garganta, ella extasiada muerde su propio brazo mientras David le muerde la espalda y la sangre se entremezcla con fluidos, sudor…

Amaranth se contrae poseída por la sensación y la fuerza del momento provocando que su coño chorree al contacto de su mano mientras él sigue con fuerza penetrándola, los dos cautivados dan los últimos movimientos, estos ya certeros y, se corren entre gritos, espasmos y sangre…

Déjate devorar por mi pluma

Bernice 

2 comentarios en “Amaranth

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