Medias de seda….

Y sigilosamente la descubrí….
Era ya tarde y con las prisas me había dejado olvidado el portafolio encima la mesa, así que tenía que volver.Al día siguiente tenía una reunión y no podía presentarme sin la documentación.

Solo me había dado tiempo a entrar en casa ponerme cómodo y a abrir una cerveza, cuando al revisar mis cosas, me fijé en el dichoso portafolio, que lógicamente no estaba donde tenía que estar. Iría en moto, más rápido que en el coche. Así que volví de nuevo a ese amasijo de hierro que es mi edificio, uno de casi dieciocho plantas.
Al llegar a mi planta un aroma me envolvió, Inspiré profundamente el aire. Era fresco y olía suavemente a mirto, enebro y romero. No recordaba ese olor tan característico en las horas que pasaba allí metido.
Pero tampoco pude vislumbrar a nadie merodeando por la fría oficina, solo esa esencia embriagadora que parecía flotar de manera casi mágica por el pasillo.
Decidí dejar atrás ese perfume e ir a coger el dichoso portafolio, pero un leve crujido me sorprendió, me giré y no conseguí ver de dónde venía el sonido, volví a retomar mi paso apresurado, estaba cansado. Cuando llegué a mi puerta el olor era más fuerte, lo podía notar tan cerca de mí que casi mis manos lo palpaban.
Pero seguía sin poder ubicar de dónde salía esa esencia que parecía dominar mis sentidos, como si seguir el reguero que dejaba, fuera un camino invisible que me llevará a una musa, o quizá, lo más seguro era causa de mi cansancio y el estrés de los días acumulados.
Entre sin pensar más en ese dichoso perfume y cogí a toda velocidad el portafolio, por fin podría volver a casa y acabar la dichosa cerveza, sentado en mi sofá.
Casi me pasó desapercibida una tenue luz al fondo del otro lado del pasillo, si no fuera porque desde mi posición podía ver esas largas piernas, mi corazón estuvo unos segundos sin latir y tuve que hacer un esfuerzo titánico para volver a recuperar la respiración.
Las largas piernas jugueteaban como si fueran a iniciar una extraña danza, unas medias negras las cubrían, y un liguero se dejaba entrever a través del tejido casi inexistente de la falda, que una de dos, o la tenía levemente subida o era provocadoramente corta. Estaba descalza, y sus pies se movían gráciles, no sabía quién estaba detrás de esas piernas, esa zona de la oficina no solía visitarla. La mujer que estuviera allí parecía extenuada, dado los movimientos que realizaba, tampoco la podía ver a ella, solo sus piernas saliendo de detrás de una pequeña columna que la cubría del todo. Esos sí, las medias y esa liga de encaje más esa esencia me tenían casi hipnotizado.
No tenia por que estar allí observando, seguramente la pobre se llevaría un susto de muerte si me veía, pero era como cuando algo te subyuga, te quedas embelesado sin poder apartar la vista, hipnotizado por esas largas piernas que siguen moviéndose, estirándose, provocando, mientras puedo sentir como mi polla empieza a palpitar. Siempre he tenido devoción por la lencería, las medias y ligueros son sin lugar a dudas un fetiche que me apasiona.
Pero nunca me había pasado que algo me provocará tan explícitamente como esa mujer y sus movimientos.
Mi cabeza me decía que tenía que dar media vuelta y salir de allí a toda prisa, pero mi cuerpo no reaccionaba y mis ojos no dejaban de observar.
Al rato dejó de hacer estiramientos y pude ver sus manos deslizarse desde el empeine, subiendo por su pantorrilla y acomodando bien el liguero en su voluptuoso muslo, seguía sin ver su rostro, pero su larga cabellera castaña caía en cascada rozando su piel, mientras repetía de nuevo el mismo movimiento con la otra pierna.
Lo que sentía mi mente al observar lo estaba experimentando mi cuerpo, es extraño cómo actúa el cerebro a veces, siempre me he considerado un tío con mucho auto-control pero allí estaba babeando por unas piernas enfundadas en medias de seda.
— Qué tal si te acercas y me ayudas con las botas— La voz suave y sensual me despertó de mi letargo.
Levanté la vista y vi como sus ojos azules y gélidos estaban clavados en mí, su rostro no dibujaba sorpresa, más bien una sonrisa pícara mientras su mirada se clavaba en mí sin pudor alguno.
Me tenía que mover pero estaba como un idiota paralizado, ella me hizo un gesto con la mano indicando que me acercará. Su rostro era dulce pero a la vez revoltoso, de esas caras que no sabes si son ángel o demonio, o quizá las dos cosas.
Decidí no hacer más el capullo e ir directamente con la poca seguridad que me quedaba hacía ella. No acaba de entender cómo me podía provocar esa especie de inseguridad una mujer que ni tan siquiera conocía, pero su rostro, esos ojos y esa manera de mirarme me intimidaba de tal manera que a la vez me excitaba.
Llegue a su lado y pude ver acomodadas a sus pies unas largas botas negras de tacón fino, ella tenía la falda aún levantada y sus muslos dejaban ver el liguero adherido a sus medias, sinceramente se lo hubiera arrancado con la boca allí mismo, arrodillado ante esa belleza extraña, pues no es que fuera la clase de mujer con la que me suelo acostar, que son verdaderos pibonazos; pero ella tenía algo que no acababa de comprender, pero que me tenía cachondo perdido, de una manera que creo que no lo había estado nunca.
—¿Te piensas quedar ahí parado toda la noche?—Otra vez me había quedado en babia. Dejándome como un verdadero panolis.
—No, perdona. Es que … me ..has…— ¿Balbuceaba? ¿Yo? — ¡Pero qué coño me pasaba!…
—Ya hace rato que sé que me observas, así que relájate— No me podía sentir más avergonzado.Sinceramente esa situación sobrepasaba mi propia osadía.
—Perdona, no quería molestarte. Solo he venido a recoger mi portafolios y…— No me dejó acabar la frase que….
—Ya,ya Deja de hablar y ayúdame con las dichosas botas. Son muy estrechas y me cuesta después de todo el día con ellas volver a ponermelas— Me paso las botas y se quedó allí sentada, con las piernas en posición esperando a que yo se las pusiera.
Así que poco podía hacer, dejé el portafolio sobre la mesa junto al casco de la moto y me arrodille. Ella ni se lo pensó y dejó caer su pie sobre mi rodilla mientras sus ojos seguían clavados en mí y su sonrisa se dibujaba en un rostro dulce y salvaje a la vez.
Mis manos tenían que rozar, tocar esas largas piernas para poder enfundar esas botas estrechas, un sudor frío recorría mi espalda mientras ella no hacía más que observar y sonreír, como si supiera por lo que estaba pasando en ese momento. Deslice el tejido de cuero de las botas y empecé ascender por su pierna una vez tuvo el pie dentro, el tejido se adhería a su piel como si formase parte de ella, el suave roce, sus piernas templadas, nunca había sentido semejante placer, uno que ni tan siquiera entendía.
Cuando ya las tenía puestas me levanté, sintiendo una mezcla extraña de sensaciones por mi cuerpo, ella se levantó al unísono. Con los tacones de doce centímetros era igual de alta que yo y soy alto. Su rostro se quedó muy cerca del mío y su aliento casi rozaba mis labios.
Sin dejar de mirarme se colocó bien la estrecha falda de tubo por sus caderas, dejando sus botas perdidas entre la tela.
—Vamos— Me dijo de manera tajante.
— ¿A dónde vamos?— Contesté
—A mi casa— Así de clara y decidida
—¿Supongo que llevas otro casco?— Pues solía llevar uno en la maleta de la moto.
—Si— Acerté a contestar.
— Bien— No sabía en qué lío me estaba metiendo. Pero no le podía negar nada.

La cerveza iba a tener que esperar….

Para mi querido seguidor Sebas….
¡Espero que lo hayas disfrutado!

Ahora hacer volar la imaginación con estos dos personajes….

Bernice

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2 comentarios en “Medias de seda….

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