APEGO

El famoso apego emocional y sus consecuencias, es algo muy hablado entre mujeres. El porqué se acaba sintiendo esa dependencia enfermiza por alguien del  sexo opuesto, como evitar esa toxicidad, o como no caer en una relación donde se cree en el tan nombrado enamoramiento.

Una conversación con una  amiga, me ha hecho escribir este relato. No voy a entrar en hacer un articulo demasiado técnico, no soy especialista en desapegos. Lo que sí es cierto que todas a lo largo de nuestro crecimiento emocional hemos caído en esa clase de relaciones. Como hace cada uno para superar esa toxicidad, eso ya entra en cada persona.

¿Puedes amar sin apego?

Se puede amar de mil maneras, cada cual elige la suya. Pero lo ideal es amar sin dejar de ser uno mismo, sin perder tu identidad, sin idealizar y sobretodo sin olvidar que tú eres quien más se va a querer siempre, compartir no implica ahogar, más bien debe de ser un camino donde poder alzar el vuelo, juntos pero separados.

Toxicoapego

 

¿Era mía?

El calor era insoportable, ni la brisa que entraba por el resquicio de la ventana era suficiente para sofocar esa extenuante sensación, volví a mirar el reloj, pero nada, las horas pasaban lentas y seguía sin tener noticias suyas, pero en el fondo la culpa era solo mía. Cuando acepte el dichoso jueguecito hacía ya dos meses, por mi cabeza no me planteaba ni tan siquiera la idea de engancharme emocionalmente a él. Tenía claro cada uno de sus defectos, sabía a ciencia cierta que era incapaz de mantener un compromiso y que su promiscuidad era más que conocida. ¿Entonces qué hacía esperando en esa maldita habitación? Las mujeres tenemos un gran defecto, el mayor de todos,  nos creemos que por nosotras son capaces de cambiar y por mucho que pensemos así, un hombre no cambia por una mujer.

Las novelas rosas que con el paso del tiempo he ido leyendo han calado hondo en todas mis relaciones, dando paso a que yo misma me hago mis propias novelas eróticas en la cabeza. Por eso la idea de esta aventura ridícula y tonta, ahora se estaba volviendo en contra mía. Era incapaz de decirle que no, era incapaz de salir corriendo de esa habitación  sin mirar atrás, simplemente era incapaz de no volver a sentir sus manos recorriendo mi piel. Lo tenía muy jodido y lo sabía, era una puta adicción la que sentía por él. Me levanté de la cama en busca de algo de beber, tenía claro que por mucho que mi cabeza dijera que saliera de allí y que lo dejará plantado, no lo iba a hacer. Abrí la pequeña neverita de la habitación en busca de hielo para poner en mi copa, rebusque en el mueble bar en busca de algo más fuerte, quizá en el fondo pensaba que si me tomaba una copa más adquiriría el valor suficiente para mandarlo a la mierda en cuanto entrará por la puerta. El sonido de la llave girando  me estremeció, las piernas me empezaron a flaquear, me bebí la copa de un trago, la dejé encima de la mesita y espere que entrará. Le observé, cerró la puerta tras de sí, se quedó fijamente observando, callado, impasible. El fulgor del brillo de sus ojos me tenía expectante, caliente, el anhelo de las horas esperando habían hecho mella en mí.

  • Siento el retraso preciosa- no sabía si reír o llorar, no había hecho más que entrar  en la habitación y ya estaba deseando que me follará sin miramientos.
  • No te preocupes llevo poco tiempo esperando- y ahí estaba mi mentira ridícula, que por su mirada y su sonrisa socarrona supe al momento que no se había tragado ni por asomo..

Pero aunque fuera por un poco de dignidad no pensaba reconocer que había estado sentada en silencio casi dos horas, mirando fijamente la puerta.

 

  • ¿Estas muy callada? ¿Pasa algo? – pasar, pasaba, había caído de lleno en el suplicio del apego y conocía muy bien sus consecuencias. Pero también y con los años había aprendido a someter a mis demonios.
  • No pasa nada. Bueno, sí- dije empezando a desabotonar mi blusa de manera lenta y seductora.
  • ¿El qué? – Me preguntó
  • Que ya es hora de que me folles- solté a voz de pronto. Hay estaba mi barrera sexual mataba a mi lado emocional. Tenía claro lo que era para él, un polvo divertido, una experiencia más que anotar en su libreta de conquistas. Lo que no sabía es que ese polvo iba a ser especial. Pues sería el último.

Sabía lo que le calentaba mi desinhibición, mi lenguaje vulgar y sexual cuando me vestía de indiferencia y me dejaba llevar solo por el deseo, usaba mi cuerpo por placer y era capaz de compartir mi habitáculo carnal con él.

Al fin y al cabo de eso se trataba, para él, follar sin más pretensión.

Se acercó lentamente, su propia mirada inyectada en deseo provocó un latigazo directo a mi sexo, una humedad adyacente empezó a rezumar por mis carnosos labios. Dejé caer la blusa y liberé mis pechos, mis ojos se clavaron en los suyos, mi mirada felina y fría le turbó por un momento, pude vislumbrar su indecisión. Estoy segura que había notado el cambio en mi forma de mirarle, ya no Le idealizaba, un instinto animal me dominaba, solo quería que me follará sin contención, no Le dejé pensar más de la cuenta y me acerqué, tiré de su corbata para  ofrecerle mi boca sedienta y húmeda, mi beso se torno insaciable, demoledor, mi lengua dibujó un huracán de pasión, no pudo más que seguir el ritmo frenético de mi ansía, empezó a dejarse llevar, sus manos apretaron mis nalgas levantando mi falda y dejando mis muslos y mi sexo sin bragas al descubierto. Una leve sonrisa se dibujó en la comisura de sus labios cuando vio mi coño dulce depilado, sabía que el aroma dulzón de mi sexo le llamaba. Me tiró en la cama y desde ella pude ver como se desnudaba de manera torpe y apresurada, cuando liberó su miembro me relamí los labios, estaba duro, excitado , su miembro palpitaba en busca del alivio.

Sin pretensión alguna de perder el tiempo con preámbulos,abrí mis piernas mostrando mi sexo húmedo, dejando a la vista su anhelo momentáneo de mí. No fueron ni cinco segundos lo que tardó en meter su cabeza entre mis piernas y en pasear su lengua libidinosa por mis labios, arquee mi espalda ofreciendo esa parte tan íntima de mi cuerpo, él adoraba con cada lengüetazo  mi sexo mientras yo le iba aprisionado cada vez más, buscando perderme con su boca, olvidando en cada espasmo su nombre. Cuando sentí que podía entregarme a su boca, Le aparté, sus ojos me miraron inquisidores y yo no pude más que sonreír, Le tendí en la cama con un gesto rápido y me subí sobre sus caderas, quería cabalgar sobre él a un horizonte perdido de mi mente, donde Le dejaría en el olvido al salir de aquella habitación.

Empecé de manera lenta, sometiendo en cada movimiento de mi pelvis a su verga, la absorbía, devoraba su longitud en mis adentros, cada movimiento era el roce que nos acercará al cielo o tal vez al propio infierno, porque me ardía el alma y de entre mis muslos brotaba un río de lava candente que mojaba su piel, no se que me dijo cuando entre certeros movimientos me dejé ir llenándolo todo de un charco increíble de pasión desbordada, simplemente caí sobre su pecho conteniendo las lágrimas y devolviendo mi respiración entrecortada a la normalidad. Note sus caricias contenidas sobre mi espalda, y el silencio se apoderó por unos segundos de nosotros, no fue suficiente tiempo para caer de vuelta a mis miedos, me cogió e hizo que me pusiera a cuatro patas, agarró mis caderas y de una estocada se clavó en mí, me dejé llevar de nuevo sintiendo como cada embestida palpitaba en mi interior, estaba muy cerca de alcanzar su clímax, de llenarme por última vez. Y en ese momento lo supe, cuando se vacío y sus gemidos no gritaron mi nombre supe que lo nuestro se había acabado.

Sin dramas, sin besos en los labios, sin tan siquiera un abrazo que nos recordará el uno al otro. Simplemente nos vestimos en silencio, yo en mi profunda desesperación y él simplemente se ponía la ropa, sin dar importancia al momento y seguramente sin entender mis sentimientos.

Cuando salí de allí lo hice sin mirar atrás, sin despedirme , lo dejé atándose los zapatos sentado en aquella cama que nunca más nos volvería a ver juntos.

 

Bernice

 

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