La pequeña Anaïs

La pequeña Anaïs

 

 

La brisa se adentra por la comisura de la ventana, el sol resplandece. Parece ser que la lluvia de días pasados nos va a dar una tregua. Aún duermes, plácido y tranquilo, a veces te observo en silencio, admirando todo el esplendor de tu masculinidad, esa que me gusta tanto. A mi mente que es inquieta por naturaleza se le acaba de ocurrir una idea, cojo el móvil y busco a mi pequeña, Anaïs. Ella es mi sumisa.

No tarda en contestar con su acostumbrado “Buenos días, mi Señora”. Anaïs que lleva ese nombre, por la gran Nin, hace poco  que está en este mundo, en sí me estoy encargando de que aprenda todo lo que conlleva ser sumisa. Incluido el aburrido protocolo, pero que le voy hacer, me gusta que las cosas se hagan bien, y el BDSM es así ¿Si no que tendría de diferente con otro tipo de sexualidad alternativa?

Le explico mi idea para esa noche, como siempre me responde con su “Diossss” tan expresivo cuando algo le gusta o le excita. Me encanta jugar con ella, con el morbo, y provocar que se sienta especial, porque lo es. Cuando dejo el telefono, Anaïs ya tiene claro cómo va a ir la noche. Me giro y me estas observando.

—¿Con quién hablas tan temprano?

—Con anaïs— Te digo tranquilamente. Una sonrisa maliciosa se me dibuja en el rostro y el brillo de mis ojos no te pasa desapercibido.

—¿Qué has tramado? — Me acerco hacia ti y recuesto mi cabeza en tu pecho. Me gusta sentir el latido de tu corazón en mi oído, a veces me habla lo que tu callas. Me abrazas fuerte, como siempre, mientras esperas mi respuesta.

— Lo sabrás pronto.

—Miedo me das—Sonrío oculta entre los pliegues de tu piel, mientras tu olor empieza a despertar mi deseo.

Me das la vuelta de golpe, dándote  la espalda, mientras tu mano se pierde entre mi sexo húmedo y es inevitable acabar entregando el placer que me pide, una y otra vez, hasta que se cansa. Y entonces me mira con su típica y ladina sonrisa, y me dice;

—Ahora sí, Buenos días…

Lleva todo el día intentando sonsacar lo que se me ha ocurrido para la noche. Pero esa parte es mía, mi lado Dom,y sabe muy bien que no puede entrar, pero suelo compartir esos momentos con él. Es más divertido si jugamos todos ¿No crees?

 

Cuando ella llega puedo entrever su nerviosismo a través de su dulce sonrisa, sus ojos brillan casi tanto como los míos, me acerco lentamente a su boca húmeda y le beso, suave, sin prisas. Tener a anaïs me aporta la libertad en mi rol que necesito, es mi pequeña, dulce, dispuesta, pero también salvaje y excitante a la vez. Y aunque yo sea la Ama, la complicidad en mis juegos con  ella es lo que hace que funcione, entre mujeres nos entendemos muy bien y sabemos cómo provocar, crear expectación y transmitir sensaciones. El sexo por sí solo no aporta morbo, el juego, la trama, la sensualidad, el ambiente, etc es lo que consigue el verdadero placer de lo que vendrá o está por venir. Provocando, como a mi me gusta.

Rústic está sentado, le he dicho que espere viendo la televisión, leyendo o lo que quiera, pero no se puede acercar a donde estemos nosotras hasta que no le avise. Anaïs lo saluda con el respeto que se merece y mi Señor le devuelve el gesto con un suave  beso en la mejilla.

Me la llevo a la cocina, y allí empezamos a trastear entre ollas, cacerolas, abriendo la nevera, cerrando y preparando lo que será una cena especial.

Oigo de vez en cuando carraspear  a Rústic, estamos en sus dominios, y eso sin duda le pone nervioso. Pero cuento con eso, Anaïs va siguiendo mis indicaciones, voy jugando con ella, acariciando su cuello, besando levemente la comisura de sus labios, adentrando mi lengua en su boca y permitiendo que sus manos rocen mi cintura.

Cuando está todo listo, le digo que vaya a cambiarse a la habitación. Yo salgo a comprobar que mi Amo, está tranquilo, que sé que lo está, pero expectante por lo que he preparado. Me dirige su penetrante mirada nada más pasar la puerta.

—Ven aquí—Eso ha sido una orden. Puedo reconocer su tono de voz mientras sus ojos me miran fijamente.

Me acerco dispuesta a cumplir sus deseos. Me agarra del cuello y me devora la boca, de manera salvaje, sin dejar que pase el aire entre nosotros.

—Espero que valga la pena tanto lío— me dice soltando mi cuerpo de nuevo, y en ese momento, es cuando recuerdo porque le adoro. Todo él, es vicio puro y duro, excitante y morboso.

—No lo dudes— le digo con una sonrisa maliciosa.

Le dejo de nuevo esperando, sé que no le gusta, pero espero conseguir que disfrute de la velada. Entro en la habitación, Anaïs  ya se ha cambiado. Lleva una blusa blanca fina y transparente, debajo nada oculta sus pezones que encumbran despuntando su excitación, una falda corta y negra con unas medias de seda y liguero son su atuendo, el elegido por mí. Se pone los tacones, y con eso esta lista. Su media melena rubia se enreda entre mis dedos mientras la beso.

—Me voy a vestir. Ahora te toca a ti, haz tu papel.

—Sí mi Señora— sé que está nerviosa. Pero sin duda alguna, muy excitada.

Cuando llegó al comedor, ya cambiada, con mi vestido negro y mis tacones compruebo la cara de asombro que tiene Rústic, Anaïs está cumpliendo con su obligación  y está preparando todo y atendiendo al Señor como si de una sirvienta se tratase. Le Sonrío y le guiño el ojo, ella se acerca a mí.

—¿Quiere un cóctel  antes de que sirva la cena, mi Señora?

Rústic observa en silencio.

—Sí. Uno especial. Por favor— le respondo.

Va a buscar el cóctel y aparece con una bandeja donde lleva mi copa y un huevo vibrador. Mi malicia a veces no tiene fin, sonrío, me entrega la copa y deja la bandeja cerca de mí, se apoya en la mesa y abre sus piernas mientras Rústic observa, sin saber si decir algo o no, pero creo que le divierte ver el juego que nos llevamos. Rozo suavemente la entrepierna de Anaïs, me acerco a su sexo mientras le susurro algo al oído y ella asiente, meto mis dedos en su sexo húmedo, latente, excitado y le coloco el huevo, gime, se pega a mi cuerpo como una gata en celo, la aparto poco a poco…

—Con calma pequeña— Le cuesta controlar la excitación.

—Sí mi Señora— su voz entrecortada se pierde entre el sonido de la música.

—Recuerda. No se puede caer nada del servicio, pase lo que pase. Ves sirviendo los primeros.

Asiente y se dirige hacia la cocina. Yo me dirijo hacia mi Amo.

—Podemos sentarnos en la mesa, Mi Señor— Se acerca hacia mí, me levanta el vestido e introduce los dedos en mi sexo mientras sus ojos no dejan de mirar directamente a los míos.

—Creo que va a ser una cena divertida.

Cuando retira sus dedos de mi interior mis ganas han aumentado. Activa cada parte de mi cuerpo con tan solo  su presencia.

Él sabe lo que se hace, me conoce como nadie y yo estoy loca por él.

Anaïs sale con el primer plato, y activo a velocidad mínima el vibrador, da un pequeño respingo, toma aire y se acerca hacia la mesa donde estamos los dos sentados, uno frente al otro. Las manos temblorosas de ella casi no atinan a dejar el plato sobre la mesa, la observo con cautela.

-Respira, Anaïs, respira. Toma el control de tu cuerpo para mí.

Ella asiente y se mantiene allí de pie, mientras yo le sirvo a mi Amo e inicio una conversación de lo más banal. Mientras el vibrador va haciendo estragos en el cuerpo de ella que intenta mantenerse  relajada y en posición, tal y como le he enseñado estos días anteriores a la cena.

Acabamos el primero, le desactivo el huevo y le ordeno que nos sirva el segundo, tal y como le había dicho.

Se presenta solo con las medias, liguero y tacones. Deja el plato en la mesa y se coloca a mi lado. Las manos a la espalda, las piernas abiertas y mirada al frente.

La cena prosigue, mi mirada está perdida en tus ojos. Vas observando a Anaïs, mientras seguimos hablando.

De repente activo el vibrador a toda potencia, un joder, se escapa de su boca y pierde la estabilidad de su cuerpo, las contracciones en su sexo son intermitentes, rápidas, no la miro, no le digo nada, sus jadeos empiezan a ser seguidos, tú observas como su cuerpo se contrae mientras intenta mantener la posición, yo sigo cenando y hablando contigo. Controlo su respiración entrecortada, acelerada, su salvaje cuerpo empieza a no poder contener el placer. Me levanto, me sitúo detrás de ella agarro sus pezones con las yemas de mis dedos y los retuerzo, mi lengua recorre su cuello.

—Ahora Anaïs..

La sujeto mientras sus espasmos la devoran con hambre, saciando la que yo tengo y la que sé que mi Amo tiene.

Apago el aparatito del diablo y su cuerpo descansa entre mis brazos. Le ayudo a recoger el resto de la mesa, ha llegado la hora de servir el postre.

Cojo el chocolate fundido, las fresas y nos dirigimos a la mesa. Ella se desnuda del todo y se sube en ella, Rústic sigue mirando. Le preparo el postre, todo su cuerpo está cubierto de chocolate y dejo unas fresas de manera estratégica en su piel. Cuando se cree que ya está todo listo, me desnudo delante de él, me subo a la mesa y tal y como habíamos dicho entrelazo mis piernas con las de Anaïs juntando nuestros sexos.

—¿Me pones el chocolate Amo…?

 

El postre está servido!!!!

 

«Dame todo tu verdadero odio. Y lo traduciremos en nuestra cama. En una pasión nunca vista»

 

Vuestra Bernice