Cuando somos Tres…

Cuando somos Tres…

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Un día tras otro. Horas y minutos, segundos, conversaciones que llenan un todo que alimentan nuestra propia manera de ser, creando un vínculo que es nuestro, aceptando nuestra carencias y creando expectativas con besos que llevan sabor a indecencia.

Bésame y desnuda tu alma con el corazón me dices mientras a nuestro lado reposa su cuerpo.

Su larga melena se deja caer sobre la almohada mientras me abrazas y susurrando haces que mi alma se relaje y se sienta querida, las horas compartidas han pasado factura a nuestros cuerpos extenuados…

 

Horas antes…

 

Entro en local expectante a todo lo que va a pasar. Me he puesto un vestido corto, muy corto, sin ropa interior que entorpezca el paso de tus manos por mi piel, muero porque me toques, por tu boca, por tu manera de buscar mi mirada con la tuya. No tardo en ver que estas apoyado en la barra con un vaso de whisky con hielo en tu mano, observando a tu alrededor. Las mujeres no pasan desapercibidas ante tu presencia, ni tu mirada profunda. Tus labios carnosos abrazan el filo del vaso y siento celos de que no sean mis labios, pero sigo un rato más entre las sombras, viendo como se te acercan y se ponen hablar contigo, sonrío, no lo puedo evitar, sé que eres mío y que todo es un juego. Una morena de larga melena se ha separado de sus amigas y se acerca peligrosamente contoneando sus caderas, la observas, yo te observo y veo en tu rostro esa sonrisa ladina que me tiene enamorada. Va a decirte algo pero con la música puedo entender que no la has escuchado bien y te acercas más a ella rodeando su cintura con tu mano. En ese momento me acerco a la barra donde sé que por fin me podrás ver, levantas la vista y nuestras miradas se entrelazan, siento como arde tu mirada.

Me guiñas el ojo mientras presupongo que ella sigue hablando contigo pues afirmas con un gesto. Empieza a sonar una canción que me gusta, dejo mi copa y sin dejar de mirarte me pongo a bailar donde sé que me puedes observar, donde sé que no pasará desapercibido cada uno de mis movimientos, me dejo llevar y sigo acercándome. Un tipo me ha rodeado y tu rostro ha cambiado me deshago de su roce y me dirijo hacia ti, la mujer se ha percatado y te mira extrañada. Te sonrío cuando estoy a unos centímetros de tu boca, pero la miro a ella y le rozo la mandíbula con mi mano, me devuelve la sonrisa y la agarro de la cintura mientras iniciamos delante tuyo un baile sensual con nuestros cuerpos, friccionando nuestras pieles, entrelazando nuestras piernas para sentir nuestro sexo. Mi mano se desliza por su nuca y adentrándose mis dedos entre su cabellera, tiró de su melena y mi boca entreabre la suya mientras nuestras lenguas se entrelazan. Has dejado tu vaso en la barra y tus manos rodean nuestras cinturas. Tú mano se pierde en mi entrepierna y compruebas que mi sexo esta húmedo, caliente. La mujer suelta de nuevo un gemido cuando le agarro el pelo con más fuerza y la dirijo hacia tu boca.  La besas y vuelve a gemir. Creo que el juego le está gustando. No tardamos en irnos de allí, la excitación es evidente y ella nos acompaña…

Nos observa y se puede vislumbrar la excitación que siente, te miro, me miras, y me acerco a ella que nos sonríe, la voy desnudando lentamente, acariciando su piel, besando su epidermis, despertando con el roce de mis manos cada una de sus terminaciones, provocar ese juego que tanto me gusta. Sus labios me buscan, se quieren fundir con los míos pero aún no es el momento.

—Shhhh, a mi manera preciosa— Le bajo las manos a los costados pegadas a su cuerpo, mis labios recorren su cuello, su piel se eriza y sigo sin dejar que me bese.  Mientras mi mirada se torna fría, dura, pero a la vez sensual, juguetona…

Tú estás observando, sentado a los pies de la cama mientras he dejado el cuerpo de la mujer desnudo, expuesto a nosotros.

Ella quiere tomar la iniciativa ¡Estas vainillas! Tanta prisa…

—No tengas prisa en querer comerle la polla tenemos tiempo de sobras—  Me mira extrañada, pero creo que se ha excitado. Bajo mi mano a su sexo ¡Húmedo! Sí, está excitada…

Te guiño un ojo y  sonríes. Ella está expectante, como me gusta tenerlas. Agarro su brazo con fuerza por la muñeca y se lo pongo por detrás de cintura, la giro de manera veloz y casi sin que pueda decir nada  la apoyo dejando sus pechos clavados y sus pezones rozando la fría pared. Todos mis movimientos son seguros, firmes, y a ella se le escapa un gemido. Estoy segura que no acaba de entender lo que va  pasar, pero aún así puedo notar como cada poro de su piel desprende excitación. Mi cuerpo se roza contra el de ella mientras mis labios recorren su piel, su espalda, y la mantengo sujeta no quiero que se mueva.

—Déjate llevar— Le susurro mientras le clavo mi rodilla en su entrepierna  y con un gesto fuerte le abro las piernas.

—Así. Mantente así— Mi mano se adentra en su sexo y todo su cuerpo se eleva ante la sacudida de ahondar en ella. La sigo manteniendo quieta, con fuerza. El poco espacio que tiene no deja que su cuerpo pueda moverse y con eso juego. Su deseo rebosa entre mis dedos, su humedad se acentúa por momentos. Saco mis dedos de dentro de ella y le doy un fuerte azote que la eleva de nuevo.

—¡Dios!— Suelta de pronto. Eso significa que le ha gustado.

Vuelvo ahondar en su sexo, una y otra vez. Mezclo ese placer con el calor que siente su piel cada vez que la azoto. Su humedad empieza a recorrer mis dedos y sé que está preparada…

—Vamos— Le digo al oído mientras la agarro de la nuca y la dirijo hacia donde estás tú.

La dejo a solo un paso de ti.

—Espera— Le digo. Me desnudo delante de ti, dejando caer la fina tela del vestido. Mi cuerpo está completamente expuesto.

Este momento es tuyo y mío, yo soy quien te desnuda, quien te atiende antes de que ella ni tan siquiera te roce. Retiro tu ropa dejando desnudo tu cuerpo y observando que tu excitación es más que evidente pues tu miembro enhiesto da fe de ello.

—Siéntese mi Señor, por favor— Te digo en voz baja al oído.

—De acuerdo pequeña. A ver que haces ahora— . Complacer sus deseos. Eso es lo que voy hacer, para eso soy su sumisa.

Me acerco a ella de nuevo y esta vez sí que la beso, adentrando mi lengua dentro de su boca y despertando en ella de nuevo el deseo, mientras mi mano agarra su cabellera enroscándose entre mis dedos.

—Ahora si. Arrodíllate y lame su polla. Dale placer —  sigo su cuerpo sin soltar su melena mientras ella empieza hacer su trabajo con sus labios sobre tu sexo. Mientras nuestros ojos no dejan de mirarse, de adentrarse el uno en el otro, manteniendo ese contacto, ese vínculo que nos hace nuestros.

La suelto y me arrodillo a su lado y vuelvo a estar donde más me gusta estar a tus pies. Mezclamos sabores y las dos jugamos con  tu miembro. Aquí ya empieza a notarse al animal que llevas dentro y tomas la iniciativa que has estado conteniendo hasta el momento. Te levantas y nos impulsas a la cama, dejando caer nuestros cuerpos y nos observamos con la mirada prendida en deseo. Ha llegado la hora…

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Vuestra Bernice , Su Bernice…

Juegos perversos del coleccionista

Juegos perversos del coleccionista

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Sentada esperaba su turno. Iban entrando una detrás de la otra. Su paciencia estaba casi al límite, cinco delante de ella. Con su tiempo. Su desnudez y el estar de rodillas no hacían que fuera más fácil. Casi había pensado en levantarse e irse de allí dejando a su Señor con su harén de perversión. Para ser la favorita esa tarde le estaban pasando todas las hermanas por delante. Seguramente sería por haber utilizado la semana pasada la palabra de seguridad, pero tenía claro hasta dónde iba a permitir ser usada. Su carácter en el fondo era lo que más le gustaba, las otras perritas son domables ella era una gata en celo, cariñosa y consentida pero arisca e irascible otras veces.

Quedaban tres delante de ella, el frío suelo se clavaba en sus rodillas y casi se podía oír el ronroneo constante de la gata frente a las lamidas de las perritas, que con su cabeza agachada no se movían ni un ápice de su posición perfecta. Ella sin embargo altanera mantenía la vista enfrente, su espalda recta y sus ojos se clavaban en los de su Amo cada vez que esté abría la puerta y le lanzaba una mirada de advertencia junto una sonrisa lasciva. Se la estaba jugando y lo sabía, tanta altanería y falta de respeto le iba a pasar tarde o temprano factura.

Él la observaba cada vez que abría la puerta  impasible, no era fácil poner a prueba su tenacidad, era una gata, consentida, feroz casi indomable. Pero eso le gustaba de ella, esa especie de entrega no del  todo consentida con la que él tenía que lidiar y luchar. Se había vuelto una quimera conseguir domar a la bestia. Un sueño que le arrebataba noches en vela cuando la observaba mientras dormía. Él coleccionaba mujeres, sí. Pero eso lo hacía desde que su corazón se rompió. En sí la soledad era parte de su día a día, por mucho que sometía no se acababa de sentir pleno e igualmente se encontraba agotado mental y físicamente. Lo que ella no sabía es que el tiempo que pasaba con las otras sumisas la mayoría de veces no eran de índole sexual, simplemente las tenía allí, observándolas, buscando en ellas eso que a él le faltaba.  Solo en esa mujer podía percibir un halo de satisfacción y un deseo apremiante de poseerla.

Por fin se abrió la puerta y llegó su turno, Él la miró. Ella agacho la cabeza ante esa mirada que no acabó de entender, entre tristeza y deseo. Pasó en cuanto le dio permiso para ello. Nada más entrar se arrodillo, sus rodillas en el frío suelo, sus talones tocando sus nalgas sus manos hacia delante, palmas cerradas en el suelo y su cabeza escondida entre sus brazos.

La dejo así un buen rato, mientras sentía como su deseo crecía mientras la observaba tan callada, tan entregada. Sabía que eso podía cambiar en cualquier momento. Se levantó y caminó hacia ella.

Paseo alrededor de ella, imponiendo su presencia, suscitando su deseo.

Su piel brillaba bajo la escasa luz que en ella se reflejaba, mientras su cabello caía cubriendo su bello rostro y sus ojos de gata.

Sintió como las manos de él se posaban en sus nalgas desnudas, no pensaba moverse. Había decidido que hoy sería esa sumisa callada que él reclamaba. Se mordía el labio mientras él acariciaba su piel, mientras su palma calentaba su nalga, sabía lo que estaba por venir. Y lo deseaba.

Llegó como una exhalación, lo sintió en su piel, dolor, calor, picor. Y el silencio de nuevo. Otra vez, dolor, calor, picor en su otra nalga y el roce de su palma acariciando después, su cuerpo se descompensaba levemente, pero mantenía la postura mientras la humedad de su entrepierna crecía y la debilitaba pues su deseo era ser poseída por Él ser la única que suscita esa lujuria que desprendía a su entrega.

—Levanta gatita—levantó su cuerpo del suelo entre sus muslos los fluidos se dejaban entrever. Ella miró a su Amo, como siempre directamente a sus ojos, buscando la aprobación. Sonrío, pues su mayor deseo era ver en sus ojos su entrega, su fuerza como sumisa era para Él ese regalo que había buscado en otras sin poder encontrar.

—Túmbate en la cama y espera.

Se dirigió a la cama ese lugar donde tantas veces había añorado estar. Normalmente la follaba en cualquier lugar, tenía predilección por las mesas.

Tardó en llegar y su deseo era cada vez mayor por la espera. Cuando le vio entrar en la habitación ya no llevaba la camiseta, solo sus pantalones caían desabrochados sujetados por la inminente erección que había despertado en Él, eso le gusto. Se sintió fuerte y apreciada.

—Hoy serás mía—Ella pensó, siempre lo he sido. Ahora me ves…

Cogió sus muñecas y las anudo con una tela de seda roja atándola a la cabecera de la cama. Hizo la misma acción con sus piernas, se sentía expuesta. Pero eso le producía la sensación de un poder que solo Él le podía conceder.  Se acercó a su rostro y vendo sus ojos, esa sensación era para ella sublime, expuesta, negada de movimientos y solo Él y la confianza que deposita, era un todo. Algo que pocos entendían y muchos cuestionaban.

Noto como su boca acariciaba sus tobillos, poco a poco iba subiendo por dentro de sus piernas siguiendo un camino que acabaría en su sexo húmedo y expuesto. Su piel se erizaba mientras lamía la parte interna de sus muslos. Su lengua se paseó de manera suave por sus labios y ella se contrajo, su cuerpo le pedía más cercanía, pero jugaba con ella y sus ataduras limitaban sus movimientos dejándola en el espacio de querer más y no poder tenerlo. Siguió castigando su piel sensible, sus gemidos inconscientes se escapaban seguidos de  por favor y más.

—Necesito más, más…

—Shhh, lo sé…

Su lengua se paseaba de manera lasciva entre su entrepierna otorgándole solo una leve caricia, un sutil roce que la hacía volar levemente para recibir de nuevo una bofetada de realidad y frialdad. Hasta que noto sus dedos entrar en ella, húmedos, muy húmedos. Pues  así estaba mojada, conteniendo cada suspiro, centrándose en cada sensación.

Su lengua, sus dedos, su movimientos…

—Ufff, no pares por favor.

—Aguanta.

¿Que aguante? Pensó

—No podré, así no…

—Aguanta

Y de mientras seguía torturando su interior con sus dedos, desgarrando por dentro ahondando en ella de manera fuerte, muy fuerte… y su lengua absorbía todo de ella, todo lo que le entregaba.

Dolor, placer, dolor…

Iba a explotar de un momento a otro, no podía contener más el placer que le estaba dando con sus dedos y su lengua.

—Aguanta, gatita—Dijo separándose de ella.

—Diosss…—Placer, dolor, placer, uffff, sus dedos me destrozan, su lengua me posee, no puedo más—Pensó sin ser capaz de decir nada más en alto, que gemir, jadear y gritar.

Siguió esa dulce tortura en su sexo, que ya chorreaba de placer. Más y más profundo, más y más fuerte, llegando hasta sus entrañas, absorbiendo de ella su esencia.

—Ahora…

Gritó mientras sus dedos marcaban un ritmo frenético. Sus gemidos se perdieron entre contracción y contracción. Dejándose ir, perdiéndose en el regalo que le había otorgado su Amo.

La soltó observando su cara de ángel sonrosado. Ella lo miró embelesada, su Señor, estaba enfrente de ella. Pudo observar como el contorno de su boca aún estaba lleno de los fluidos que ella le había dejado, una vez suelta del todo se arrodilló frente a Él y empezó a lamer sus comisuras saladas por sus flujos, dejando así a su Señor limpio de su esencia. Él sonrió cuando ella acabó y la abrazo…

 

 

Vuestra Bernice 

 

Garth Knight

 

NATURALEZA Y BONDAGE EN LA CONVULSA OBRA DE GARTH KNIGHT

Bajo el hermoso influjo de la luna redondeada, plácida y brillante donde los rayos despuntan con el fulgor reluciente de una fuente azul, está ella, hermosa. Sus cristalinas pupilas miran impasibles, sus añiles ojos observan de manera veleidosa, ocultando su mirada en algún que otro momento y volviendo a embrujarme  cuando directamente se clavan en mí.

El tallo leñoso adora su cuerpo, ramificando desde el suelo su altura hacia el mismísimo cielo, y se ve tan bella, allí anudada; no puedo dejar de observar, como inconscientemente se muerde la comisura de los labios, sin decir palabra, mientras espera, impaciente, que haga o diga algo. El tronco a la cual la he atado se confunde en colores variables según la forma que descama la corteza, siendo una bella imagen mientras su piel lechosa y sus pezones rosados son el foco de atención por encima del color pardo gris o pardo rojizo- es escuamiforme- y los  surcos oscuros y grandes planchas que forma la naturaleza viva son el contraste ideal para su piel y mi cuerda.

Agarro mi cámara, quiero observar desde su lente, parto de su imagen que ya constituye un todo, no invento nada, pero a través de mi lente necesito captar lo que mi pupila observa, siente, lo que mi mente  desea al verla así. Me encuentro entre el eslabón, de crear lo ya creado, no parto con un lienzo en blanco pues ella es real, pero lo que transmite es lo que deseo captar. La cámara me incita y me obliga a crear a través de la visión. Que vean lo que yo he visto reflejado,  y sea una reacción estética en cadena, luces y sombras dibujados en las líneas de sus curvas, matices de colores, sensaciones. Me quedo absorto en mirarla, sé que ella siente deseo, como lo siento yo y la observo, tal estado se asemeja al de una película virgen: parece inerte, pero es tan sensitiva que una fracción de segundo genera vida en ella (no sólo vida, sino una vida).

Cuando acabo de captar en imágenes lo que quería plasmar, dejo la cámara a un lado, y me acerco a ella.  Huelo su expectación, su humedad rezuma libre por su entrepierna, su aliento entrecortado se escucha de fondo entre el crepitar de las hojas cayendo.

La observo, como quien admira a un duendecillo, sé cómo es, revoltosa, juguetona, esas cualidades que admiro que hacen que su entrega sea pura, real, y consciente, no porque lo dictan unas normas escritas, no por un protocolo, por qué es así.

Sus cristalinas pupilas están expectantes, mirando directamente, le encanta penetrarme con ese añil que son sus ojos.

Me acerco, quiero mantenerla allí un rato más, a mi merced, degustar su piel poco a poco. Quiero recorrer cada centímetro con delicadeza, con movimientos lentos, deseo percibir cada minúsculo estremecimiento de su ser. Solo mi roce, solo mi voz, solo ella y yo.

Necesito adentrarme en su mente, ser parte de su mundo y que cuando me sienta ya no sea capaz de sentir  a nadie más, que sea tan MÍA como nunca ha sido de nadie, quizá su cuerpo no es virgen y otras manos lo han tocado, pero donde quiero llegar  sé que nadie ha estado.

No dice palabra alguna- callada me sonríe- esas sonrisas que retan, esos ojos que hablan por sí solos.

Diálogo con su piel y con la yema de mis dedos recorro de manera lenta, suave, casi superficial sus muslos, puedo ver como se eriza y estremece ante el tacto de mi mano. El camino que he iniciado es pausado, gradual, la caricia ni se podría considerar así pues es efímera como un soplo de aire, como brisa sobre su epidermis. Pero así quiero que me sienta y mientras mi liviano movimiento asciende por el interior de su entrepierna; con mi aliento cálido y cercano fraguo como si de metal se tratase el candente deseo que crece en sus entrañas, mientras ahoga los suspiros e intenta mantenerse quieta.

Mi aliento es un soplo de aire fresco sobre su sexo ardiente, el olor que desprende me erotiza, es suyo, característico, incomparable, y despierta mis oscuras sombras…

Me deleito en sus labios, en su humedad, con mis dedos, lengua, boca; mientras su impasibilidad empieza hacer mella, pero no quiero- aun no- que pierda la cabeza, deseo poseer todo, ser dueño de todo su ser y para eso la tengo que llevar al mayor éxtasis que nunca haya conocido. No quiero que se rompa, a no ser que sea entre mis brazos, que note como se desfragmenta en pedazos culminando mientras absorbo cada gemido que se le escape, ahogando cada grito que le torture.

Le empiezo a desatar las cuerdas que han rodeado su cuerpo, liberando su piel y acariciando cada dulce marca que ha dibujado  el cáñamo con sus hebras, las líneas en su epidermis me estremecen. Mi miembro pulsa por entrar en su cuerpo y perderse, deslizarse dentro con su longitud; como una serpiente que se adentra en una cueva oscura, buscando la comodidad del calor que emana entre sus paredes.

Cuando la he acabado de desatar me abrazo a su cuerpo, mientras nuestras respiraciones se acompasan, y puedo notar la incesante necesidad de ser el uno del otro.

Tiro de su cabello hacía atrás forzando que su cabeza se sostenga en el aire, sus pechos turgentes, sus pezones rosados provocan que los muerda- que los estire con mis dientes- me entretengo con ellos un rato, para después pasar a su cuello y muerdo- sí, con hambre- solo deseo devorar mis ganas, alimentarme de lo que me entrega, para alcanzar mi placer máximo. Es mi zorra, mi puta, mi mujer, y es solo Mía.

Le suelto y me observa directamente a los ojos- sé que me dicen- es su turno. Se desliza hasta caer de rodillas, su boca se dirige directamente a mi polla; primero relame de manera suave la punta, casi rozando- la muy puta me pone a mil- y sabe que como siga así no contendré mis ganas de follar su boca- aun sabiendo que le provocan unas arcadas insoportables- No tardo en agarrar su cabeza y forzar que se adentre más, nada más hacerlo le proviene la primera arcada- ¡Ufff, ese sonido!- la miro, y puedo ver como se le desliza la primera lágrima, dejo que respire, que vuelva a lamer a su antojo, a su manera- hasta que le vuelvo a meter todo lo que puedo en su garganta- una nueva arcada le hace salir intentando coger aire de nuevo. Tengo mi polla a punto de explotar, solo de ver cómo me clava esos ojos desde abajo cuando me la chupa, solo con eso sería capaz de correrme- eso y que sé que no dejará que se le escape ni una gota- con eso consigue desatar mis demonios, enardecer mi lujuria y otorgarme placer, sabe cómo complacer mis deseos ocultos. En última embestida me adentro sin piedad- sé que lo aguanta aunque le cueste- su esfuerzo por retener mi miembro provoca mis espasmos, las contracciones acaban provocando que destile toda mi esencia en su boca, ella se alimenta,  lame, traga sin dejar que una sola gota se escape- al levantar su rostro, veo como le cae por la comisura los restos de mi eyaculación, es una vista preciosa y digna de admirar. Me sonríe a sabiendas de que me ha complacido y relame lo que ha quedado- Le ayudo a levantar, ahora solo deseo abrazarla, dedicar esos minutos de amor por todo lo que me otorga con tanta pasión y devoción.

 

 

Vuestra Bernice 

 

La secretaría

La secretaría

 

Mi jefe
Era el primer café del día y como siempre tomaba el desayuno en el mismo lugar, cerca de mi trabajo. Estaba centrada en mis cosas cuando a lo lejos le vi. Como siempre iba con su cabeza altiva dejando claro quién era para los demás. Para mí era mi Señor. Con su mirada me atravesó y con su sonrisa maliciosa me derritió. Nadie en el trabajo sabía que mi jefe y yo teníamos ese tipo de relación. Ningún tipo de relación más bien. Yo le sonreí, iba acompañado de un hombre con el que se tenía que reunir. Paso a mi lado y su inconfundible colonia amanerada me evoco recuerdos de la noche pasada. Él lo sabía, tenía claro lo que provocaba en mí con tan solo una mirada, sinceramente mojaba las bragas. Y eso si las llevaba, pues le encantaba hacer que fuera al trabajo sin ellas. Era insaciable y tenía muchas veces la necesidad de usarme allí mismo. Sin más era suya, siempre.
Pague al camarero con las monedas sueltas que había cogido del monedero y me marché  a mi puesto de trabajo. La mañana sería larga, él estaría todo el día reunido y yo solo pensaba en lo que necesitaba que me tocara. Ver su sonrisa de buena mañana provocaba la necesidad de sus manos grandes y fuertes violando mi intimidad.
Estaba completamente centrada en el puñetero papeleo y de vez en cuando miraba en dirección a su puerta.
A las dos horas me sonó la línea interna de dentro de su despacho, di un respingo en mi silla. Por fin, por lo menos escucharía ese torrente de voz que me deshacía las entrañas con sus órdenes.
—Cinco minutos, ni uno más, sin bragas. En la sala de cámaras.
Simple, llano y claro. Allí mismo me baje el tanga, y lo metí en un cajón. Fui hacia la sala de cámaras con mis llaves y abrí, estaba oscuro. Espere en un rincón cara la pared, manos atrás.
Oí como sus llaves entraban en la cerradura y mi anhelo por él hizo que sintiera estremecer mi entre pierna que ya estaba húmeda. Espere, sin mover un solo musculo a que se acercará. Puede sentir su aliento en mi nuca y mi piel se erizo.
— ¿Cómo está mi gatita? Voy a comprobar lo que es mío. —Noté como sus dedos ahondaban en mi coño. Provocando que mi cuerpo reaccionara a la fuerte intrusión, elevando mis pies del suelo poniéndome de puntillas y apoyando las manos en la pared para no perder el equilibrio.
—No te muevas. — Volví a mi posición e intenté mantener la calma mientras mi respiración se aceleraba por momentos.
Él seguía moviendo sus dedos dentro de mí sin consideración alguna, tal como le gustaba. Rasgaba mi interior, podía sentir el dolor y el placer que eso me provocaba e iba abriéndome cada vez más.
Pude notar como cuatro de sus dedos se movían dentro de mí, la humedad crecía y entre mis muslos se deslizaba la decadencia que provocaba su mano.
—Aguanta, pequeña. Quiero entrar todo.
Tome aire y deje que mi cuerpo se relajará cuanto más esfuerzo hiciera peor iba a ser para mí, me abrió con su pie más las piernas mientras me daba un beso en el cuello para provocar en mí esa tranquilidad que era estar en sus manos.
Cuando consiguió entrar del todo, yo me quede sin respiración. No podía mover un musculo y el me susurraba al oído…
—Así. Así. Shhh. Todo es mío. Hasta tu interior es mío.
—Sí, mi Señor— Contesté con el poco aliento que aún me quedaba debido a su invasión.
Retiro su puño de mí dejando un vacío abrumador en mis entrañas, mis muslos mojados y la necesidad de ser suya acrecentada. Pude sentir la palma de su mano caliente mientras se limpiaba mis propios fluidos en mis nalgas. Dejando así mi esencia en mi piel.
Note unas leves cachetadas enrojeciendo mi culo, constantes como solo él sabía darlas, me encantaba que provocara mis ganas de gemir, de gritar, de jadear de esa manera.
—Necesito ver ese color en ti, gata y después te quiero follar ese culo.
—Sí mi señor— solté entre jadeo y jadeo, mientras el sudor caía por mi frente.
—Apóyate en la mesa, puta. Te voy a follar.
Deje caer mi cuerpo sobre la madera de la mesa ofreciéndole mis nalgas a su disposición. Cogiendo mi humedad que aún era reticente empezó a jugar con mi entrada, metiendo primero un dedo, luego dos, luego tres. Provocando mis espasmos. Sus manos sabían tocarme, se alimentaban de mí, de la necesidad que tenía siempre de él.
Apoyo su palma sobre mi espalda haciendo peso sobre mi cuerpo para que no me moviera, oí el sonido de su cremallera bajándose. Cogió mi melena levantándome un poco haciendo que me girase a mirarle.
—Preparada, pequeña.
—Sí, Señor, por favor.
—Así me gusta preciosa.
Me comió la boca, propinándome un mordisco que hizo que mi labio sangrara. Saboree el sabor metálico de la sangre y de su saliva mezclados y volvió apoyarme con su fuerza en la mesa, sujetando mi espalda.
Se adentró en mí con fiereza, dejándome sin aire, exhale en la segunda embestida mientras me llenaba. Su otra mano acariciaba mi clítoris, estaba al límite igual que él. Los jadeos se dejaban oír por la sala, mientras sus caderas se clavaban en mí y el sonido de mi humedad provocaba más deseo, más pasión. Quería irme con él, acabar juntos devastándonos por dentro. Él acelero y yo me centré en sus espasmos, evadiéndome en lo que me hacía sentir su polla, su mano en mi cuerpo.
Nos corrimos, juntos, con esa conexión que solo podía existir entre Amo y sumisa. Entre él y yo. Nos vestimos sonrientes. Y complacidos.
—Hasta la noche mi putita— Me dijo con un suave beso en mis labios.
—Hasta la noche, Mi Señor.

 

Vuestra Bernice 

¿Va de lobos?

¿Va de lobos?

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<<Esta es una fábula, una contada por una de tantas caperucitas que rondan por el reino oscuro. Ella se mueve entre sombras, ofreciendo su ser, su entrega más preciada a ese lobo que la reclama… 

La camada es grande, debe de elegir bien pues entre ellos no todos son de corazón noble, los hay que tienen el alma ennegrecida y se dedican a cazar almas puras de “niña” para llevar a su morada oscura y enmohecida…>> 

 Camino sola, la noche es parte de ese bosque que engulle el sendero con su tenebrosidad, mientras me dirijo a ese lugar en donde sé que debo de estar y solo me acompaña el crepitar de las hojas secas a mi paso. 

Dentro de ese reino me ha advertido muchas veces mi abuelita que hay lobos y que esa camada a la cual nos entregamos para ser guiada es la que debo de encontrar. Pero también me ha avisado de la camada oscura; una que no respeta las normas establecidas entre los dos clanes, una que hace uso de magia negra para llevar a su camada a las niñas que son predestinadas por su esencia a ser parte de la camada blanca… 

Pero yo he sido instruida y he leído todo lo que tenía que leer en los libros que mi clan usa para aleccionar a las caperucitas, sé que hay lobos que con su magia son capaces de transformarse en lobos blancos, pero estoy segura de saber reconocerlos, es bien sencillo en cuanto se salten algo del protocolo ¡Zas! Pillado…Seguro ¿No?… 

Prosigo con mi búsqueda en la fría noche, pero sé que en cuanto de con Él, con mi lobo, el que me toca, mi duro camino habrá acabado. Puedo escuchar entre los sonidos entremezclados de la noche los aullidos a lo lejos, debo de estar cerca, según mi abuelita ellos nos buscan, necesitan a su caperucita para poder ser Amos en la camada.  

Ella lleva años encargada de aleccionar a más caperucitas, ella misma fue víctima de joven de un lobo negro y eso que antes eran una camada pequeña y más fácil de reconocer, pero aun así muy capaces de engañar y mi abuelita en aquella época estaba deseosa de encontrar a su lobo – Las prisas nunca son buenas – le decía entonces su madre, pero ella era así, impredecible, sensible y quizá demasiado confiada.  

Después de lo que pasó no volvió a ser la misma, por mucho que lo ha intentado ha sido incapaz de entregarse de nuevo por completo a ningún lobo, en sí ella se disfraza a diario de loba y es aceptada por la camada con su nuevo rol, porqué quizá es necesario una loba que cuide de las caperucitas… ¿No crees?   

Sigo andando mientras recuerdo y también aprovecho para repetir en voz baja  las lecciones de mi abuelita, pero llevo un rato inquieta y me cuesta centrar mi mente, supongo que será por adentrarme en este mundo aún desconocido para mí, sé que el camino es arduo y que no es fácil ser caperucita, solo unas pocas elegidas acaban siendo parte de ese mundo tan especial y cada una suele ser a su manera, no todos los lobos son iguales, ni todas las caperucitas, es una unión en donde según consenso eligen prácticas que llevan a cabo en común, yo aún no sé hasta donde puedo llegar y mi abuelita me dijo que mi lobo me guiaría.  

Por mucho que intento despejar mi mente, centrarme en lo que me ha llevado hasta allí, sigo teniendo esa sensación; es como una presión en el pecho, tal vez sean los sonidos de la noche o el estar sola, pero siento una presencia, algo o alguien me observa y esa sensación no acaba de hacer que me sienta cómoda. Intento alejar ese presentimiento que me acompaña, estoy segura que son solo nervios o por lo menos eso quiero creer.  

<< Tengo un hambre voraz; hace rato que la vigilo y ella ni se ha percatado. Pobrecita niña inocente…tan sola…y bien enseñada. Mis buenos modales, palabras suaves y dulces, la traerán a mis pies…donde debe estar. ¿O no?>>…. 

La noche es cada vez más cerrada, solo pienso en llegar donde la manada y descansar, sé que allí me darán de comer, además de ofrecerme alojamiento, a partir de ese momento podré conocer a los lobos que buscan a su caperucita y decidir o simplemente lo que me dicte el corazón, porque estas cosas nunca se saben. 

Un crujido suena detrás de mí y puedo sentir su aliento calentando mi nuca, un escalofrío recorre mi espalda, mi cuerpo está completamente paralizado, la saliva discurre por mi garganta como si de cristales se tratasen, cierro los ojos intentado evadirme de ese bosque y del terror que me ha dejado petrificada, pero al abrirlos de nuevo delante de mí puedo ver a un gran lobo, con un pelaje gris perlado de ojos negros y brillantes, que me observa sonriendo; aunque algo me dice que no me fíe, aún estoy lejos de la manada y no entiendo que hace ese lobo gris suelto por el bosque, que busca en esos caminos oscuros y porque se encuentra allí, entonces recuerdo que hace rato que siento una presencia que me incomoda, que ha estado al acecho tras los arboles… 

Se acerca, me rodea, me observa no deja de girar sobre mí, sin dejar casi espacio entre él y yo, me siento presionada, confundida, empieza a recitar bellas palabras sobre mi pelo, mi esencia de caperucita; que no ha podido resistir la atracción de mi piel, que estamos predestinados, etc… 

Yo quiero ir hacía la manada, ver a otros lobos, pero tanta palabrería empieza a confundirme, me siento abrumada. Se para frente a mí y se eleva dejando a la luna oculta por su cuerpo y una gran sombra lo cubre todo… 

<< Dulce niña acércate sin miedo, te enseñaré todo lo que debes saber, pues soy serio y fiable, nada malo quiero para ti (decía mientras clavaba sus garras en mis hombros haciendo que cada vez me agachara más, casi arrodillada, sintiéndome pequeña a su sombra. Su mirada, negra como él carbón, me tenía hipnotizada…) Todo lo que de mi aprendas es lo real, él resto, tus lecturas, tu abuelita…mentiras para confundirte!!… Ríndete a mí, pequeña…haré que conozcas un nuevo mundo… (ríe mostrando sus colmillos…)>> 

Siento mi cuerpo alicaído, es como si su sombra ejerciera el poder de anular mi raciocinio, no consigo salir de su dominación, o lo que sea, pues me siento acongojada, algo no acaba de cuadrar en su forma de hablar, en cómo me presiona, en cómo me mira, pero yo no acabo de salir de su fuerte magnetismo… 

Caigo, caigo…es un gran pozo, uno sin fondo… no sé cuánto tiempo llevo allí, las laceraciones de mis muñecas por las cadenas empiezan a infectarse, creo que mis ojeras delatan las noches sin dormir, las noches en vela, el gran lobo gris sigue insistiendo en sus enseñanzas, en que olvide lo aprendido, en que solo le haga caso a él…no me deja acercarme a la manada y me mantiene oculta, sus castigos son a veces sin sentido y yo no los entiendo; como tampoco el que me diga que no sirvo para caperucita. 

¡Quiero huir! Esto no es lo que yo creía, no quiero que me arrastre más a su mundo…Lloro y lloro, la impotencia me invade, como después de tanto, de la ilusión que tenía por encontrar a mi alma gemela en este mundo, me pasa esto… ¿Por qué? 

Recuerdo lo que me mi abuela me decía, huye de los lobos negros que dicen ser lo que no son, ellos te harán daño, intentaran doblegar tu alma a la fuerza, ellos solo piensan en sí mismos en su satisfacción, son egoístas, son machistas, no son Amos, no son camada, no son LOBOS BLANCOS… ¡Huye pequeña, huye!!!! 

 Por fin lo he entendido, no soy yo, es él. Me levanto del suelo donde he yacido de por días, semanas, meses, he perdido la cuenta de las lunas que han asomado a la pequeña ventana que tenía en esa mazmorra, sucia y fría. 

Saco fuerzas de donde ya no creía que tenía, mis muñecas duelen, gimo de dolor, un halo de luz entra por la ventana e ilumina mi demacrado rostro que se releja ante el espejo mugriento que tengo en frente, ya no me salen más lágrimas el ver mi estado lamentable; es más que suficiente para que sin saber cómo ni porqué las cadenas que me sujetan se abran… me siento liberada, el Lobo que me observa deja ver su verdadero rostro, siento repulsión ante él. 

Me dirijo a la puerta, a la ansiada libertad, sé que ese perro pulgoso me sigue, pero no le tengo miedo y él ha perdido su poder, ya no es grande más bien al contrario es pequeño, mugriento y de triste alma… 

Cuando abro la puerta una luz cegadora me ciega, el calor del sol se posa sobre mi fría piel aportando una sensación de calidez olvidada, un abrazo que hace tiempo que necesito. Al abrir los ojos puedo ver delante a varios lobos, hermosos, blancos, con ojos brillantes y mi abuela está al lado de ellos… 

Me doy cuenta de que por fin he encontrado la verdadera manada, la que protege a sus caperucitas, las que son familia, entre ellos seguramente estará el verdadero lobo al cual pertenezco al que mi entrega le hará Amo… 

 

Este cuento es algo más, es una manera quizá de explicar algo que muchas sumisas conocen de este mundo de redes sociales… dentro del Bdsm hay lobos, sí, pero cuidado con el lobo que te acompaña en este camino … No confundamos.

Vuestra Bernice

Naturaleza

Naturaleza

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Naturaleza

«El remarcado sonido del agua repiquetea incesante en su viaje, mientras a la deriva escapa entre los pequeños huecos que la montaña ha dejado, buscando de nuevo el nacimiento de su fluir, retomando el camino que perdió entre las pequeñas grutas, uniéndose entre ellas las pequeñas gotas surcan por la tierra el viaje que les llevará de nuevo a su esencia…»
Nuestra bella esencia, esa que tanto se infravalora, esa que se juzga como débil, esa que se entiende por perversidad, no es más que la búsqueda de la libertad. 
Cierra los ojos…
Atrévete a sentir;
La venda cubría mis ojos, la respiración se entrecortaba mientras de rodillas podía escuchar sus pasos por la habitación, sin más agarró mi cabello y me tiró hacía atrás, provocando una sacudida de placer en mi bajo vientre, una quemazón extenuante despertaba mis sentidos dormidos, aquellos que siempre se abrían cuando mi mente y mi cuerpo era entregado. No podía ver su rostro, ni los gestos tan conocidos por mí, tan solo sentir la expectación que se creaba entre nosotros. Mi piel se erizo cuando su mano rozó mi nuca y descendió lentamente por mi espalda desnuda, mezclándose el sentimiento de anhelo que percibía con el simple hecho de estar allí.
Volvió a tirar de mi hacía atrás agarrándome del pelo, desestabilizando mi cuerpo de la fuerza que ejerció, al momento noté el sabor de su boca ahondando en la mía, mientras los besos devoraban los gemidos en un ahogado suspiro, y mi sexo se humedecía por la necesidad de ser parte de él. Dos en uno, esa es la sensación cuando la comunión de nuestros cuerpos bailan entre el placer y el dolor. Mi corazón latía con fuerza, y pude sentir el suyo cuando me levantó y abrazó; diciéndome al oído: Te quiero…
Quería deshacerme los labios con los suyos, no olvidar el sabor que nos unía. Me tumbó en la cama dejando caer mi cuerpo, mientras sus manos recorrían mi piel y sus dedos se perdían en la humedad de mi sexo.
Mi universo se expandió y se contrajo al influjo de sus dedos, en ese constante crepitar, siendo implosión de deseo cuando el primer azote me pilló desprevenida y mi sexo fue marcado, haciendo que mi cuerpo reaccionara esparciendo vida, derramando sensaciones. Sus brazos me abrazaron, sus labios recorrieron mi nuca, su cuerpo se estrechó contra el mío y en ese momento me poseyó, en una bizarra comunión, en un cataclismo de lujuria, en un deseo más allá de lo predecible…sintiendo la llamada de la propia naturaleza…


Vuestra Bernice

El escritor

El escritor

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Intuía su cuerpo a través de las cortinas de su habitación. Siempre paseaba desnuda y las sombras de su contorno se difuminaba a través de la luz tenue mientras yo me sentaba en mi vieja silla a observar como noche tras noche se quitaba la ropa de manera pausada.

Encendía un cigarrillo a oscuras y allí sentado la observaba en silencio mientras el humo invadía la estancia y la colilla caía por sí sola a un suelo deteriorado y mugriento de la casa de un hombre solitario. Ese soy yo.

Perdido entre miles de papeles arrugados por doquier y esperando a que llegue de nuevo una inspiración que perdí el día que mi Musa me abandono.

Inhalo el humo de nuevo mientras el vaso de ginebra barata apostado a mi lado que empieza a estar ya vacío, si no me hubiera perdido en el mundo de las drogas y el alcohol quizás aún mi cabeza escribiría historias, pero me sumergí en el devenir de ese mundo que te embriaga casi como un buen polvo.

Abandoné todo para encerrarme en ese pequeño cuarto a encontrar una inspiración saturada de cocaína y alcohol. Enfrascado en mi propia miseria no intuía luz alguna y mi musa parecía haberse ido sin retorno alguno al mundo de los dioses y las ninfas donde los cuentos son más reales que la porquería que esnifo por la nariz cada noche.

Y aquí sentado observo mientras esas sombras chinescas invaden mi imaginación intentando intuir más allá de lo que se logra vislumbrar. Una copa de nuevo llena y una raya acompañan a mi garganta seca y agrietada casi creo que voy a vomitar pero no lo hago dejo que el amargor me atraviese por dentro como cuchillas cortantes que rasgan mi alma cada día ¿O son noches?

Ella se acerca a la ventana y yo la observo desde la humareda que me acompaña en mi cuarto cerrado y sin ventilación.

Abre las cortinas y sonríe y parece que lo hace para mí. Pero se que no es así, ella ni sabe que existo.

Expone su cuerpo mientras la brisa acaricia su piel. Es una imagen digna de admirar y allí en las sombras estoy yo. Observando escondido su piel nívea como el alabastro mientras su melena roja como un rubí cae poderosa sobre sus hombros. No alcanzo a ver bien pero un brillo destella sobre su cuerpo. Mañana sin falta me compro unos prismáticos.

Otro día en decadencia. Mi pluma  parece no querer hablarme y sigo sin poder escribir.

Esta noche espero ver a la belleza de pelo color fuego en su ventana. Me he comprado unos prismáticos tengo el sillón delante de mi ventana y las luces apagadas. Como siempre me acompaña mi fiel ginebra y la única amiga que hace que me sienta mejor “Cocaína”

Ella enciende las luces como cada noche. Acaba de llegar.

Vislumbro su sombra entre las cortinas que aún están echadas pero solo pensar en su cuerpo esculpido por dioses hace reaccionar a mi miembro.

Solo tengo que esperar unos minutos para ver como descorre las cortinas; está desnuda y sonríe. Enciendo un cigarro y me preparo para lo que mis ojos están a punto de divisar; envidio a quién sonríe cada noche. Ojalá esa sonrisa aterciopelada fuera para mí.
Pasea con vehemencia su desnudez y la luz de la luna se reflejaba sobre su cuerpo. Vuelvo a ver ese destello sobre el cuerpo de la mujer; cojo los prismáticos para poder vislumbrar más de cerca ese cuerpo endiablado que me vuelve loco por las noches.

Sobre la piel de ella se puede distinguir que el destello es un bello abalorio que rodea su cuello y cae por sus pechos turgentes. En su mano puedo ver que lleva otro collar de perlas nacaradas que relucen briosas.
La ventana de ella tiene una repisa en la cual se acomoda dejando así que la brisa de la noche roce su cuerpo y mientras la luna baña su piel.

Los brillos nacarados acarician su piel y las perlas rozan suaves sus pezones mientras ella juega con ellas para conseguir mayor fricción a ese dulce castigo. Mi pantalón está a rebosar y mi miembro toma vida propia despertando de su dulce duermevela.

Puedo distinguir como coge sus perlas y las desliza por su sexo. Otorgándole el roce extenuante y continuo por sus labios carnosos. Me remuevo nervioso en mi sillón pues me cuesta distinguir bien el juego con las perlas y mi imaginación se dispara; pensando qué está haciendo con ellas.

Lo que sí distingo es como arquea su espalda y su cabello cae en cascada llegando a rozar la repisa de la ventana. Mientras  una mano juega con su sexo con la otra va rozando las perlas por sus pezones rosados y erizados.

Es una vista maravillosa y digna de admirar. Esa belleza nívea de pelo rojo como el fuego con sus perlas nacaradas acariciando su cuerpo y como disfruta jugando con ellas. Llevando su placer a la vista de todos.

Creo que mis ojos se van a salir las órbitas cuando se pone delante de la ventana e insinuante mete dentro de su oquedad parte del abalorio nacarado mientras sonríe en mi dirección. Es un gesto tan evocador que mi polla parece tener vida propia y despunta enhiesta y provocadora mientras por mi frente recorre unas gotas perladas de sudor.

Mientras ella hace desaparecer el brillo nacarado de su placer que ya no es visible al ojo humano.

Mi deseo ahora mismo es lamer su clítoris mientras ella sigue regalando placer a su oquedad húmeda con las perlas en su interior e ir sacando perla a perla mientras succiono junto a sus rosados labios.

Me desabrocho los pantalones sin poder contener más la necesidad de llegar a sentir lo que ella siente en ese momento y lentamente agarro mi miembro con mi mano apretando el delirio de mi necesidad.

Mi mano sigue un ritmo constante y raudo mientras sigo observando como ella sigue clamando a su orgasmo.

Sus perlas vuelven aparecer delante de mis ojos y ella sigue con la fricción de ellas en sus labios expuestos y yo me imagino pellizcando sus pezones y amasando sus pechos.

Mientras amaso mi miembro ya reclamante de un clímax adyacente veo como mi musa está apoyada de nuevo en la ventana y un gesto dulcificado en su rostro me da a entender que ha culminado su placer, mientras el mío llega sin avisar.

Dejando mi cuerpo laxo y mi mente llena de fantasías que poder plasmar de nuevo en un papel.

 

Vuestra Bernice

 

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