La secretaría

La secretaría

 

Mi jefe
Era el primer café del día y como siempre tomaba el desayuno en el mismo lugar, cerca de mi trabajo. Estaba centrada en mis cosas cuando a lo lejos le vi. Como siempre iba con su cabeza altiva dejando claro quién era para los demás. Para mí era mi Señor. Con su mirada me atravesó y con su sonrisa maliciosa me derritió. Nadie en el trabajo sabía que mi jefe y yo teníamos ese tipo de relación. Ningún tipo de relación más bien. Yo le sonreí, iba acompañado de un hombre con el que se tenía que reunir. Paso a mi lado y su inconfundible colonia amanerada me evoco recuerdos de la noche pasada. Él lo sabía, tenía claro lo que provocaba en mí con tan solo una mirada, sinceramente mojaba las bragas. Y eso si las llevaba, pues le encantaba hacer que fuera al trabajo sin ellas. Era insaciable y tenía muchas veces la necesidad de usarme allí mismo. Sin más era suya, siempre.
Pague al camarero con las monedas sueltas que había cogido del monedero y me marché  a mi puesto de trabajo. La mañana sería larga, él estaría todo el día reunido y yo solo pensaba en lo que necesitaba que me tocara. Ver su sonrisa de buena mañana provocaba la necesidad de sus manos grandes y fuertes violando mi intimidad.
Estaba completamente centrada en el puñetero papeleo y de vez en cuando miraba en dirección a su puerta.
A las dos horas me sonó la línea interna de dentro de su despacho, di un respingo en mi silla. Por fin, por lo menos escucharía ese torrente de voz que me deshacía las entrañas con sus órdenes.
—Cinco minutos, ni uno más, sin bragas. En la sala de cámaras.
Simple, llano y claro. Allí mismo me baje el tanga, y lo metí en un cajón. Fui hacia la sala de cámaras con mis llaves y abrí, estaba oscuro. Espere en un rincón cara la pared, manos atrás.
Oí como sus llaves entraban en la cerradura y mi anhelo por él hizo que sintiera estremecer mi entre pierna que ya estaba húmeda. Espere, sin mover un solo musculo a que se acercará. Puede sentir su aliento en mi nuca y mi piel se erizo.
— ¿Cómo está mi gatita? Voy a comprobar lo que es mío. —Noté como sus dedos ahondaban en mi coño. Provocando que mi cuerpo reaccionara a la fuerte intrusión, elevando mis pies del suelo poniéndome de puntillas y apoyando las manos en la pared para no perder el equilibrio.
—No te muevas. — Volví a mi posición e intenté mantener la calma mientras mi respiración se aceleraba por momentos.
Él seguía moviendo sus dedos dentro de mí sin consideración alguna, tal como le gustaba. Rasgaba mi interior, podía sentir el dolor y el placer que eso me provocaba e iba abriéndome cada vez más.
Pude notar como cuatro de sus dedos se movían dentro de mí, la humedad crecía y entre mis muslos se deslizaba la decadencia que provocaba su mano.
—Aguanta, pequeña. Quiero entrar todo.
Tome aire y deje que mi cuerpo se relajará cuanto más esfuerzo hiciera peor iba a ser para mí, me abrió con su pie más las piernas mientras me daba un beso en el cuello para provocar en mí esa tranquilidad que era estar en sus manos.
Cuando consiguió entrar del todo, yo me quede sin respiración. No podía mover un musculo y el me susurraba al oído…
—Así. Así. Shhh. Todo es mío. Hasta tu interior es mío.
—Sí, mi Señor— Contesté con el poco aliento que aún me quedaba debido a su invasión.
Retiro su puño de mí dejando un vacío abrumador en mis entrañas, mis muslos mojados y la necesidad de ser suya acrecentada. Pude sentir la palma de su mano caliente mientras se limpiaba mis propios fluidos en mis nalgas. Dejando así mi esencia en mi piel.
Note unas leves cachetadas enrojeciendo mi culo, constantes como solo él sabía darlas, me encantaba que provocara mis ganas de gemir, de gritar, de jadear de esa manera.
—Necesito ver ese color en ti, gata y después te quiero follar ese culo.
—Sí mi señor— solté entre jadeo y jadeo, mientras el sudor caía por mi frente.
—Apóyate en la mesa, puta. Te voy a follar.
Deje caer mi cuerpo sobre la madera de la mesa ofreciéndole mis nalgas a su disposición. Cogiendo mi humedad que aún era reticente empezó a jugar con mi entrada, metiendo primero un dedo, luego dos, luego tres. Provocando mis espasmos. Sus manos sabían tocarme, se alimentaban de mí, de la necesidad que tenía siempre de él.
Apoyo su palma sobre mi espalda haciendo peso sobre mi cuerpo para que no me moviera, oí el sonido de su cremallera bajándose. Cogió mi melena levantándome un poco haciendo que me girase a mirarle.
—Preparada, pequeña.
—Sí, Señor, por favor.
—Así me gusta preciosa.
Me comió la boca, propinándome un mordisco que hizo que mi labio sangrara. Saboree el sabor metálico de la sangre y de su saliva mezclados y volvió apoyarme con su fuerza en la mesa, sujetando mi espalda.
Se adentró en mí con fiereza, dejándome sin aire, exhale en la segunda embestida mientras me llenaba. Su otra mano acariciaba mi clítoris, estaba al límite igual que él. Los jadeos se dejaban oír por la sala, mientras sus caderas se clavaban en mí y el sonido de mi humedad provocaba más deseo, más pasión. Quería irme con él, acabar juntos devastándonos por dentro. Él acelero y yo me centré en sus espasmos, evadiéndome en lo que me hacía sentir su polla, su mano en mi cuerpo.
Nos corrimos, juntos, con esa conexión que solo podía existir entre Amo y sumisa. Entre él y yo. Nos vestimos sonrientes. Y complacidos.
—Hasta la noche mi putita— Me dijo con un suave beso en mis labios.
—Hasta la noche, Mi Señor.

 

Vuestra Bernice 

¿Va de lobos?

¿Va de lobos?

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<<Esta es una fábula, una contada por una de tantas caperucitas que rondan por el reino oscuro. Ella se mueve entre sombras, ofreciendo su ser, su entrega más preciada a ese lobo que la reclama… 

La camada es grande, debe de elegir bien pues entre ellos no todos son de corazón noble, los hay que tienen el alma ennegrecida y se dedican a cazar almas puras de “niña” para llevar a su morada oscura y enmohecida…>> 

 Camino sola, la noche es parte de ese bosque que engulle el sendero con su tenebrosidad, mientras me dirijo a ese lugar en donde sé que debo de estar y solo me acompaña el crepitar de las hojas secas a mi paso. 

Dentro de ese reino me ha advertido muchas veces mi abuelita que hay lobos y que esa camada a la cual nos entregamos para ser guiada es la que debo de encontrar. Pero también me ha avisado de la camada oscura; una que no respeta las normas establecidas entre los dos clanes, una que hace uso de magia negra para llevar a su camada a las niñas que son predestinadas por su esencia a ser parte de la camada blanca… 

Pero yo he sido instruida y he leído todo lo que tenía que leer en los libros que mi clan usa para aleccionar a las caperucitas, sé que hay lobos que con su magia son capaces de transformarse en lobos blancos, pero estoy segura de saber reconocerlos, es bien sencillo en cuanto se salten algo del protocolo ¡Zas! Pillado…Seguro ¿No?… 

Prosigo con mi búsqueda en la fría noche, pero sé que en cuanto de con Él, con mi lobo, el que me toca, mi duro camino habrá acabado. Puedo escuchar entre los sonidos entremezclados de la noche los aullidos a lo lejos, debo de estar cerca, según mi abuelita ellos nos buscan, necesitan a su caperucita para poder ser Amos en la camada.  

Ella lleva años encargada de aleccionar a más caperucitas, ella misma fue víctima de joven de un lobo negro y eso que antes eran una camada pequeña y más fácil de reconocer, pero aun así muy capaces de engañar y mi abuelita en aquella época estaba deseosa de encontrar a su lobo – Las prisas nunca son buenas – le decía entonces su madre, pero ella era así, impredecible, sensible y quizá demasiado confiada.  

Después de lo que pasó no volvió a ser la misma, por mucho que lo ha intentado ha sido incapaz de entregarse de nuevo por completo a ningún lobo, en sí ella se disfraza a diario de loba y es aceptada por la camada con su nuevo rol, porqué quizá es necesario una loba que cuide de las caperucitas… ¿No crees?   

Sigo andando mientras recuerdo y también aprovecho para repetir en voz baja  las lecciones de mi abuelita, pero llevo un rato inquieta y me cuesta centrar mi mente, supongo que será por adentrarme en este mundo aún desconocido para mí, sé que el camino es arduo y que no es fácil ser caperucita, solo unas pocas elegidas acaban siendo parte de ese mundo tan especial y cada una suele ser a su manera, no todos los lobos son iguales, ni todas las caperucitas, es una unión en donde según consenso eligen prácticas que llevan a cabo en común, yo aún no sé hasta donde puedo llegar y mi abuelita me dijo que mi lobo me guiaría.  

Por mucho que intento despejar mi mente, centrarme en lo que me ha llevado hasta allí, sigo teniendo esa sensación; es como una presión en el pecho, tal vez sean los sonidos de la noche o el estar sola, pero siento una presencia, algo o alguien me observa y esa sensación no acaba de hacer que me sienta cómoda. Intento alejar ese presentimiento que me acompaña, estoy segura que son solo nervios o por lo menos eso quiero creer.  

<< Tengo un hambre voraz; hace rato que la vigilo y ella ni se ha percatado. Pobrecita niña inocente…tan sola…y bien enseñada. Mis buenos modales, palabras suaves y dulces, la traerán a mis pies…donde debe estar. ¿O no?>>…. 

La noche es cada vez más cerrada, solo pienso en llegar donde la manada y descansar, sé que allí me darán de comer, además de ofrecerme alojamiento, a partir de ese momento podré conocer a los lobos que buscan a su caperucita y decidir o simplemente lo que me dicte el corazón, porque estas cosas nunca se saben. 

Un crujido suena detrás de mí y puedo sentir su aliento calentando mi nuca, un escalofrío recorre mi espalda, mi cuerpo está completamente paralizado, la saliva discurre por mi garganta como si de cristales se tratasen, cierro los ojos intentado evadirme de ese bosque y del terror que me ha dejado petrificada, pero al abrirlos de nuevo delante de mí puedo ver a un gran lobo, con un pelaje gris perlado de ojos negros y brillantes, que me observa sonriendo; aunque algo me dice que no me fíe, aún estoy lejos de la manada y no entiendo que hace ese lobo gris suelto por el bosque, que busca en esos caminos oscuros y porque se encuentra allí, entonces recuerdo que hace rato que siento una presencia que me incomoda, que ha estado al acecho tras los arboles… 

Se acerca, me rodea, me observa no deja de girar sobre mí, sin dejar casi espacio entre él y yo, me siento presionada, confundida, empieza a recitar bellas palabras sobre mi pelo, mi esencia de caperucita; que no ha podido resistir la atracción de mi piel, que estamos predestinados, etc… 

Yo quiero ir hacía la manada, ver a otros lobos, pero tanta palabrería empieza a confundirme, me siento abrumada. Se para frente a mí y se eleva dejando a la luna oculta por su cuerpo y una gran sombra lo cubre todo… 

<< Dulce niña acércate sin miedo, te enseñaré todo lo que debes saber, pues soy serio y fiable, nada malo quiero para ti (decía mientras clavaba sus garras en mis hombros haciendo que cada vez me agachara más, casi arrodillada, sintiéndome pequeña a su sombra. Su mirada, negra como él carbón, me tenía hipnotizada…) Todo lo que de mi aprendas es lo real, él resto, tus lecturas, tu abuelita…mentiras para confundirte!!… Ríndete a mí, pequeña…haré que conozcas un nuevo mundo… (ríe mostrando sus colmillos…)>> 

Siento mi cuerpo alicaído, es como si su sombra ejerciera el poder de anular mi raciocinio, no consigo salir de su dominación, o lo que sea, pues me siento acongojada, algo no acaba de cuadrar en su forma de hablar, en cómo me presiona, en cómo me mira, pero yo no acabo de salir de su fuerte magnetismo… 

Caigo, caigo…es un gran pozo, uno sin fondo… no sé cuánto tiempo llevo allí, las laceraciones de mis muñecas por las cadenas empiezan a infectarse, creo que mis ojeras delatan las noches sin dormir, las noches en vela, el gran lobo gris sigue insistiendo en sus enseñanzas, en que olvide lo aprendido, en que solo le haga caso a él…no me deja acercarme a la manada y me mantiene oculta, sus castigos son a veces sin sentido y yo no los entiendo; como tampoco el que me diga que no sirvo para caperucita. 

¡Quiero huir! Esto no es lo que yo creía, no quiero que me arrastre más a su mundo…Lloro y lloro, la impotencia me invade, como después de tanto, de la ilusión que tenía por encontrar a mi alma gemela en este mundo, me pasa esto… ¿Por qué? 

Recuerdo lo que me mi abuela me decía, huye de los lobos negros que dicen ser lo que no son, ellos te harán daño, intentaran doblegar tu alma a la fuerza, ellos solo piensan en sí mismos en su satisfacción, son egoístas, son machistas, no son Amos, no son camada, no son LOBOS BLANCOS… ¡Huye pequeña, huye!!!! 

 Por fin lo he entendido, no soy yo, es él. Me levanto del suelo donde he yacido de por días, semanas, meses, he perdido la cuenta de las lunas que han asomado a la pequeña ventana que tenía en esa mazmorra, sucia y fría. 

Saco fuerzas de donde ya no creía que tenía, mis muñecas duelen, gimo de dolor, un halo de luz entra por la ventana e ilumina mi demacrado rostro que se releja ante el espejo mugriento que tengo en frente, ya no me salen más lágrimas el ver mi estado lamentable; es más que suficiente para que sin saber cómo ni porqué las cadenas que me sujetan se abran… me siento liberada, el Lobo que me observa deja ver su verdadero rostro, siento repulsión ante él. 

Me dirijo a la puerta, a la ansiada libertad, sé que ese perro pulgoso me sigue, pero no le tengo miedo y él ha perdido su poder, ya no es grande más bien al contrario es pequeño, mugriento y de triste alma… 

Cuando abro la puerta una luz cegadora me ciega, el calor del sol se posa sobre mi fría piel aportando una sensación de calidez olvidada, un abrazo que hace tiempo que necesito. Al abrir los ojos puedo ver delante a varios lobos, hermosos, blancos, con ojos brillantes y mi abuela está al lado de ellos… 

Me doy cuenta de que por fin he encontrado la verdadera manada, la que protege a sus caperucitas, las que son familia, entre ellos seguramente estará el verdadero lobo al cual pertenezco al que mi entrega le hará Amo… 

 

Este cuento es algo más, es una manera quizá de explicar algo que muchas sumisas conocen de este mundo de redes sociales… dentro del Bdsm hay lobos, sí, pero cuidado con el lobo que te acompaña en este camino … No confundamos.

Vuestra Bernice

Naturaleza

Naturaleza

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Naturaleza

«El remarcado sonido del agua repiquetea incesante en su viaje, mientras a la deriva escapa entre los pequeños huecos que la montaña ha dejado, buscando de nuevo el nacimiento de su fluir, retomando el camino que perdió entre las pequeñas grutas, uniéndose entre ellas las pequeñas gotas surcan por la tierra el viaje que les llevará de nuevo a su esencia…»
Nuestra bella esencia, esa que tanto se infravalora, esa que se juzga como débil, esa que se entiende por perversidad, no es más que la búsqueda de la libertad. 
Cierra los ojos…
Atrévete a sentir;
La venda cubría mis ojos, la respiración se entrecortaba mientras de rodillas podía escuchar sus pasos por la habitación, sin más agarró mi cabello y me tiró hacía atrás, provocando una sacudida de placer en mi bajo vientre, una quemazón extenuante despertaba mis sentidos dormidos, aquellos que siempre se abrían cuando mi mente y mi cuerpo era entregado. No podía ver su rostro, ni los gestos tan conocidos por mí, tan solo sentir la expectación que se creaba entre nosotros. Mi piel se erizo cuando su mano rozó mi nuca y descendió lentamente por mi espalda desnuda, mezclándose el sentimiento de anhelo que percibía con el simple hecho de estar allí.
Volvió a tirar de mi hacía atrás agarrándome del pelo, desestabilizando mi cuerpo de la fuerza que ejerció, al momento noté el sabor de su boca ahondando en la mía, mientras los besos devoraban los gemidos en un ahogado suspiro, y mi sexo se humedecía por la necesidad de ser parte de él. Dos en uno, esa es la sensación cuando la comunión de nuestros cuerpos bailan entre el placer y el dolor. Mi corazón latía con fuerza, y pude sentir el suyo cuando me levantó y abrazó; diciéndome al oído: Te quiero…
Quería deshacerme los labios con los suyos, no olvidar el sabor que nos unía. Me tumbó en la cama dejando caer mi cuerpo, mientras sus manos recorrían mi piel y sus dedos se perdían en la humedad de mi sexo.
Mi universo se expandió y se contrajo al influjo de sus dedos, en ese constante crepitar, siendo implosión de deseo cuando el primer azote me pilló desprevenida y mi sexo fue marcado, haciendo que mi cuerpo reaccionara esparciendo vida, derramando sensaciones. Sus brazos me abrazaron, sus labios recorrieron mi nuca, su cuerpo se estrechó contra el mío y en ese momento me poseyó, en una bizarra comunión, en un cataclismo de lujuria, en un deseo más allá de lo predecible…sintiendo la llamada de la propia naturaleza…


Vuestra Bernice

El escritor

El escritor

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Intuía su cuerpo a través de las cortinas de su habitación. Siempre paseaba desnuda y las sombras de su contorno se difuminaba a través de la luz tenue mientras yo me sentaba en mi vieja silla a observar como noche tras noche se quitaba la ropa de manera pausada.

Encendía un cigarrillo a oscuras y allí sentado la observaba en silencio mientras el humo invadía la estancia y la colilla caía por sí sola a un suelo deteriorado y mugriento de la casa de un hombre solitario. Ese soy yo.

Perdido entre miles de papeles arrugados por doquier y esperando a que llegue de nuevo una inspiración que perdí el día que mi Musa me abandono.

Inhalo el humo de nuevo mientras el vaso de ginebra barata apostado a mi lado que empieza a estar ya vacío, si no me hubiera perdido en el mundo de las drogas y el alcohol quizás aún mi cabeza escribiría historias, pero me sumergí en el devenir de ese mundo que te embriaga casi como un buen polvo.

Abandoné todo para encerrarme en ese pequeño cuarto a encontrar una inspiración saturada de cocaína y alcohol. Enfrascado en mi propia miseria no intuía luz alguna y mi musa parecía haberse ido sin retorno alguno al mundo de los dioses y las ninfas donde los cuentos son más reales que la porquería que esnifo por la nariz cada noche.

Y aquí sentado observo mientras esas sombras chinescas invaden mi imaginación intentando intuir más allá de lo que se logra vislumbrar. Una copa de nuevo llena y una raya acompañan a mi garganta seca y agrietada casi creo que voy a vomitar pero no lo hago dejo que el amargor me atraviese por dentro como cuchillas cortantes que rasgan mi alma cada día ¿O son noches?

Ella se acerca a la ventana y yo la observo desde la humareda que me acompaña en mi cuarto cerrado y sin ventilación.

Abre las cortinas y sonríe y parece que lo hace para mí. Pero se que no es así, ella ni sabe que existo.

Expone su cuerpo mientras la brisa acaricia su piel. Es una imagen digna de admirar y allí en las sombras estoy yo. Observando escondido su piel nívea como el alabastro mientras su melena roja como un rubí cae poderosa sobre sus hombros. No alcanzo a ver bien pero un brillo destella sobre su cuerpo. Mañana sin falta me compro unos prismáticos.

Otro día en decadencia. Mi pluma  parece no querer hablarme y sigo sin poder escribir.

Esta noche espero ver a la belleza de pelo color fuego en su ventana. Me he comprado unos prismáticos tengo el sillón delante de mi ventana y las luces apagadas. Como siempre me acompaña mi fiel ginebra y la única amiga que hace que me sienta mejor “Cocaína”

Ella enciende las luces como cada noche. Acaba de llegar.

Vislumbro su sombra entre las cortinas que aún están echadas pero solo pensar en su cuerpo esculpido por dioses hace reaccionar a mi miembro.

Solo tengo que esperar unos minutos para ver como descorre las cortinas; está desnuda y sonríe. Enciendo un cigarro y me preparo para lo que mis ojos están a punto de divisar; envidio a quién sonríe cada noche. Ojalá esa sonrisa aterciopelada fuera para mí.
Pasea con vehemencia su desnudez y la luz de la luna se reflejaba sobre su cuerpo. Vuelvo a ver ese destello sobre el cuerpo de la mujer; cojo los prismáticos para poder vislumbrar más de cerca ese cuerpo endiablado que me vuelve loco por las noches.

Sobre la piel de ella se puede distinguir que el destello es un bello abalorio que rodea su cuello y cae por sus pechos turgentes. En su mano puedo ver que lleva otro collar de perlas nacaradas que relucen briosas.
La ventana de ella tiene una repisa en la cual se acomoda dejando así que la brisa de la noche roce su cuerpo y mientras la luna baña su piel.

Los brillos nacarados acarician su piel y las perlas rozan suaves sus pezones mientras ella juega con ellas para conseguir mayor fricción a ese dulce castigo. Mi pantalón está a rebosar y mi miembro toma vida propia despertando de su dulce duermevela.

Puedo distinguir como coge sus perlas y las desliza por su sexo. Otorgándole el roce extenuante y continuo por sus labios carnosos. Me remuevo nervioso en mi sillón pues me cuesta distinguir bien el juego con las perlas y mi imaginación se dispara; pensando qué está haciendo con ellas.

Lo que sí distingo es como arquea su espalda y su cabello cae en cascada llegando a rozar la repisa de la ventana. Mientras  una mano juega con su sexo con la otra va rozando las perlas por sus pezones rosados y erizados.

Es una vista maravillosa y digna de admirar. Esa belleza nívea de pelo rojo como el fuego con sus perlas nacaradas acariciando su cuerpo y como disfruta jugando con ellas. Llevando su placer a la vista de todos.

Creo que mis ojos se van a salir las órbitas cuando se pone delante de la ventana e insinuante mete dentro de su oquedad parte del abalorio nacarado mientras sonríe en mi dirección. Es un gesto tan evocador que mi polla parece tener vida propia y despunta enhiesta y provocadora mientras por mi frente recorre unas gotas perladas de sudor.

Mientras ella hace desaparecer el brillo nacarado de su placer que ya no es visible al ojo humano.

Mi deseo ahora mismo es lamer su clítoris mientras ella sigue regalando placer a su oquedad húmeda con las perlas en su interior e ir sacando perla a perla mientras succiono junto a sus rosados labios.

Me desabrocho los pantalones sin poder contener más la necesidad de llegar a sentir lo que ella siente en ese momento y lentamente agarro mi miembro con mi mano apretando el delirio de mi necesidad.

Mi mano sigue un ritmo constante y raudo mientras sigo observando como ella sigue clamando a su orgasmo.

Sus perlas vuelven aparecer delante de mis ojos y ella sigue con la fricción de ellas en sus labios expuestos y yo me imagino pellizcando sus pezones y amasando sus pechos.

Mientras amaso mi miembro ya reclamante de un clímax adyacente veo como mi musa está apoyada de nuevo en la ventana y un gesto dulcificado en su rostro me da a entender que ha culminado su placer, mientras el mío llega sin avisar.

Dejando mi cuerpo laxo y mi mente llena de fantasías que poder plasmar de nuevo en un papel.

 

Vuestra Bernice

 

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BRISA

BRISA

 

 

La brisa acariciaba  mi piel, erizando mi epidermis. Mi cabello se arremolinaba mecido por el viento mientras mis pasos se marcaban en la fina arena de la playa. De vez en cuando me paraba y dejaba que la espuma blanca cubriera mis pies hasta los tobillos, mientras observaba el horizonte, esperando. Hacía dos meses que se había marchado y aunque nuestras conversaciones eran diarias, no podía evitar sentir la añoranza de sus manos recorriendo mi cuerpo. Así como sentir su voz meciéndome en la noche, o sus brazos envolviendo mi cuerpo con seguridad y cariño.

Esa mañana estaba excesivamente triste, mi cuerpo, mi mente, necesitaban liberar la necesidad que sentía por él. Ya no me servían mis paseos matutinos para superar la tensión que sentía. Ni podía soportar en ansia que me devoraba por dentro.

Me senté en la arena. No solía pasar mucha gente a esa hora y mientras admiraba el reflejo de la luna sobre el mar, mi mente volaba a su lado provocando la excitación de mi cuerpo. Seguía el contorno de los muslos con mis manos como si fueran las suyas, recordando cada roce que tenía tatuado en  mi piel. Mi memoria podía reconocer su tacto sobre mi epidermis, solo tenía que cerrar los ojos y seguir el sendero que dibujaron la última vez que estuvimos juntos.

Calor, mucha calor. Mi piel ardía, quemaba, mis dedos se perdían dentro de mi sexo húmedo. Arqueaba la espalda guiada por el deseo que me consumía. El contraste  del agua fría salpicando en mi piel hacía que mis pezones se endurecieran debajo de la fina tela del vestido.

La noche era cómplice de mi pasión, ahondé dentro de mi oquedad húmeda, lentamente, rozando las paredes, dentro muy dentro. Mientras dejaba yacer mi cuerpo sobre la arena, revolviéndome como una gata en celo en busca de la fricción necesaria para calmar el hambre que sentía.

Mis gemidos se confundían con el oleaje del mar, enredándose, fluctuando en el aire. Cerré los ojos, dejándome llevar por la necesidad de sentir mi cuerpo colmado, cubierto del recuerdo de su presencia. Seguía provocando escalofríos en mi piel, exudando placer por cada poro. Reconfortando la creciente necesidad que me subyugaba al soñar con él.  

Noté el leve roce de una mano sobre mi pecho, acariciando sobre el tejido. El olor característico de su piel y el tacto conocido. No abrí los ojos, no era necesario.

Dejé que su aliento en mi nuca provocara que mi sexo se humedeciera de golpe y el calor aumento. Retiró mi mano mientras con la otra estiraba mi pezón y su lengua recorría mi cuello, metió sus dedos dentro, de una sola vez. Su mano salió de mi sexo, recorriendo mis muslos empapados, acariciando la humedad que me despertaba. Abrí los ojos, enfrentándome a los suyos que me miraban con lascivia, una sonrisa socarrona se le dibujo. Me giró de golpe, diciéndome al oído;

  • ¡A cuatro patas, amor…!

Me apoye en la arena en la orilla, el mar hacía que mis rodillas y manos se hundieran.  El agua salpicaba mi piel, le sentí detrás de mí, su mano agarró mi hombro mientras notaba su verga paseando por mi humedad, mojándose de mi esencia. Apretó su mano en cuanto me embistió, con fuerza, desestabilizándome, haciendo que clavará mis manos más en la arena. Entró y salió varias veces en estocadas certeras y exigentes, provocando mis gemidos. Mi respiración entrecortada se mezclaba con la suya. Salió de mi sexo, dejando la sensación de vacío en mí. Su mano acarició mi nalga y su dedo penetró mi ano, lubricando, mojando esa zona cerrada.

Cuando notó  que estaba preparada y por mis jadeos sintió mi disposición, me ahondo lentamente, su pene enterneció mi redondez, entrando despacio hasta llegar a ser uno. Se quedó quieto un momento con toda su longitud dentro de mí, apretando fuerte mi hombro con su mano, noté su aliento en mi espalda y su boca besando mi columna, provocando un escalofrío que erizo de nuevo mi piel. Empezó a embestir, despacio, entrando y saliendo, su otra mano acariciaba mi clítoris henchido y húmedo, la fricción me estaba volviendo loca. No sabía cuánto más iba a contener el estallido de placer que mi cuerpo reclamaba. Las embestidas se tornaron más salvajes, con brío iba subiendo el ritmo, marcando en mi cadera con sus golpes, entrando muy dentro, me sujeto más fuerte, su respiración se aceleraba junto la mía, mi cuerpo se contraía. No podía sostener más la explosión que buscaba salir de mí. Notaba sus excitación en sus jadeos, en sus movimientos en como sus uñas se clavaban en mi piel y como friccionaba con más fuerza mi coño. Noté su miembro palpitar más fuerte, acompañando a mis sacudidas, la exaltación nos invadió.  Me corrí en su mano mientras él me llenaba alcanzando los dos el clímax…

Yací junto a su cuerpo, abrazada, serena, tranquila. Apoyando mi cabeza en su hombro sin mediar palabra alguna, simplemente recuperando la respiración ahogada que nos faltaba. Entrelazando las manos, sonriendo porque estaba de nuevo a mi lado…

 

 

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Vuestra Bernice

¿PUEDO TUMBARME A TU LADO ?

¿PUEDO TUMBARME A TU LADO ?

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Un escalofrío recorre mi piel y vuelvo a la tranquilidad de la habitación, ya ni recuerdo el tiempo que hace que no piso la calle.

No sufro ningún trastorno ni trauma, simplemente deje de vivir cuando él se fue y dejó abandonados nuestros años, como si no hubieran tenido importancia alguna. Aún creo que cruzará la puerta con una sonrisa en los labios y un ramo de rosas azules en el otro; pero nada.

Se fue y a mí no me sale vivir o no me da la gana, a saber.

¿Por qué evitó la vida? Por miedo a sufrir otra vez, no encuentro mayor descaro en las palabras de mis amigas ¡Pero nena que solo tienes una vida! ¿Y qué? Es mi vida. Pura obstinación y la creencia incrustada en la piel de que si te casas es para siempre, pase lo que pase..

Recuerdas en momentos efímeros las frases típicas del puñetero cura. <<Habría estado más guapo callado>>

Y así llevo ya un año planteando un recuerdo que no sustituye a lo vivido con él, simplemente se le fue el amor, soberanas gilipolleces soltamos por la boca ¿A dónde se fue?

Pero si que es cierto que los últimos años de peleas impensables e insultos a través de las puertas cerradas a cal y canto por no querer llegar más allá y cometer una locura, eran cada vez más asiduas ¿Entonces a qué esperó?

Pues sinceramente no lo sé, esa es mi desdicha y con el tiempo me he dado cuenta que en el fondo tenía razón, cuando el amor se acaba es una tontería aferrarse a algo inexistente, pero el miedo a vivir de nuevo me paraliza.

Pican a la puerta y por la hora seguramente será Juan siempre me trae el pedido del supermercado más o menos a la misma hora con una sonrisa que ilumina mi frío y marchito corazón.

Abro consciente de mi dejadez, pero ya ni eso importa ¿O sí?

Juan me observa risueño y como siempre con su característica sonrisa que inunda el espacio sombrío de mi paralizado corazón y siento que vuelve a bombear.

Entra la compra en casa cosa que nunca me ha dejado hacer, sabe el camino de sobras y va contándome algo que no acabo de  escuchar porque por primera vez me estoy fijando en su culo al andar y ese vaivén me tiene hipnotizada¡Pero que demonios me pasa ahora!

Resoplo contrariada y Juan se gira y me mira extrañado.

-¿Pasa algo Laura?-Me sonrojo.

-Nada, Juan, tengo un mal día.- Intento zafarme de la situación contrariada.

-Solo por qué tú quieres, Laura-Lo observo de soslayo ¿Qué ha querido decir?

-¿No te entiendo Juan?

-Pues es fácil Laura-Deja las bolsas en la cocina,se apoya en el quicio de la puerta, cruza esos brazos moldeados a base de gimnasio <<¿Siempre los ha tenido así?>>

-Deja que sacie esa necesidad, déjame tumbarme a tu lado en la cama-<<¿A dicho lo que creo haber oído?>>

Sigue observando mientras yo estoy inmovilizada,ladea tranquilamente su cabeza buscando en mí algún resquicio de cordura <<Reacciona Laura>>

Juan sale por la puerta sin yo haber conseguido pronunciar palabra alguna, no se si llorar o reír ante tal situación extraña.

Me siento defraudada conmigo misma, en el sofá abrazándome empiezo a llorar pero esta vez las lágrimas no son por el abandono, es por él, por Juan.

Esta dependencia insulsa que he creado por un recuerdo me ha quitado parte de la vida, ya nada será como antes, el amor se fue, él no está, nada será igual. Decido que ha llegado el momento de vivir de nuevo.

Aunque me da un pavor irracional enfrentarme de nuevo a la vida. Una vida que desconozco completamente y me saca de mi gran preciada zona de confort.

Me voy a la ducha dispuesta a ser la mujer que una vez fui. Esta vez dejo paso a una sonrisa; después de la tormenta siempre llega la calma. La lluvia da paso al despuntar del sol.

Abrazo el agua que cae sobre mi cuerpo sintiendo el renacer puro de un alma.

Al mirarme al espejo me doy cuenta que sigo siendo la misma que era quizás mi tristeza me hacía verme con ojos distintos y lejanos.

Decido ponerme el vestido rojo que tanto me gusta y que tan pocas veces me atreví a ponerme, me siento por primera vez con ganas de provocar esas miradas de deseo en los hombres, sobretodo en Juan.

Ataviada con mi osadía me marcho a ver al hombre que ha abierto esa brecha que necesitaba para recuperar mi perdida autoestima.

Con mi locura transitoria y un valor que no creía poseer me paro en la acera de enfrente del trabajo de Juan. En breve saldrá con sus compañeros, aquí estoy. El miedo me ha paralizado y no soy capaz de dar un paso más a lo mejor ni se de cuenta de que estoy allí, esperando, por él.
Sale por la puerta y mi estómago da un vuelco. Desprovista de fuerza suficiente, me quedo observando mientras entre risas habla con sus compañeros.

Estoy a punto de irme por donde he venido, quizás a sido una locura  en un momento efímero de valor. Pero él me mira y nuestras miradas se encuentran por fin, entre el escándalo de la gente y el ruido de los coches, solo escucho calma.

Me sonríe lascivamente mientras se despide de sus compañeros, le observo mientras cruza la calle sin dejar de mirarme.

Cuando está de pie enfrente de mí, sonriendo y mirándome, no sé reaccionar. Se acerca a mi oído y mi respiración se acelera…

-Eres preciosa- Lo dice de manera susurrante y posa sus labios en mi cuello dejando un reguero húmedo por el.

Me dejo llevar por esa sensación que tanto extrañaba dejándome embriagar por sus besos y esas manos  que se aferran con fuerza a mi cintura, atrapando esa carencia que tanto extrañaba.

Entre besos devorándonos por la calle como si el mañana no existiera intentamos llegar a mi casa. De nosotros se ha apoderado una locura para nada decadente aunque lo pueda parecer, solo deseo sentirme atrapada por sus abrazos y  ser amada por él.

El cielo es testigo de una lujuria que lleva tiempo desatendida. Sin paciencia para llegar a casa me apoya contra un árbol entre penumbras de un parque cualquiera.

Sin poder poner freno a ese arrebato desmedido de obscenidad me dejo llevar por sus manos expertas mientras levanta la falda de mi vestido para poder alcanzar con su mano mi oquedad ya húmeda y preparada. Sus dedos juegan dentro de mí produciendo un placer descontrolado incendiando mi piel a su paso, sus besos ardientes me torturan, me dejo transportar por sus dulces y llamativas caricias sin pensar ni tan siquiera ser vistos; solo él y yo.

Un escalofrío recorre mi columna y deja paso a un orgasmo que me estremece. Me resguardo en su brazos mientras me susurra un ” Te deseo”…

 

Vuestra Bernice 

Ninfómana

Ninfómana

Creo que esta noche he llegado al límite de mi extenuación, me revuelvo en la cama, aún siento los fluidos melosos entre mis piernas, la cama ya está vacía, de madrugada le dije que se fuera no me gusta despertar acompañada. Mi larga melena esta enmarañada, me duelen partes que quizás será mejor no mencionar, tengo que ducharme, pero no me apetece, es sábado y después de la noche que tuve con tres hombres distintos creo que merezco un descanso…¿O no?…

Soy ninfómana, y me encanta serlo, me encanta follar y que me follen duro, con uno, dos hasta incluso tres hombres a la vez.

Al principio me puse en tratamiento mi hipersexualidad, más que nada por lo que dirían los demás, una mujer con esa subida repentina de la libido, no está bien visto…Pero oye, después de ir a varios psiquiatras y acabar follándomelos decidí asumir mi condición…

Me levanto, algo tendré que hacer, enciendo el ordenador más vale tener la página preparada, no vaya a ser que me entren ganas repentinas de follar, estoy en una página de contactos, es la manera más rápida de encontrar a alguien en un corto plazo de tiempo, antes iba a bares, pero acababa follando en cualquier tugurio de mala muerte, y decidí que eso no me apetecía, necesitaba la calma de mi cama, y poder hacer todas las posiciones existentes y sin existir …

Me dirijo a la ducha, después de recoger los resquicios de la noche anterior. No creo que le vuelva a ver, es lo que me pasa, los agoto, con tres visitas a mi alcoba tienen más que suficiente. Soy insaciable y no pueden seguir mi ritmo, suspiro contrariada, me gustaría enamorarme, encontrar a alguien que colme mi urgencia, mi deseo, mi pasión desatada, pero lo he intentado y de nada sirve, los dejo secos…

Ya en la ducha enjabono mi cuerpo, lentamente, al pasar mi mano por mis pechos mi libido despierta otra vez, los pezones se alzan erguidos sólo al contacto de mi tacto, la carencia apremiante de sucumbir a mi necesidad me invade, empiezo a pellizcar mis pezones, pongo el grifo de la ducha a toda potencia, lo dirijo a mi coño excitado, solo un poco más, y mi excitación aumenta…El chorro del agua golpea mi clítoris hinchado, mientras mi mano juega con mi pecho, abro más las piernas, el calor me embriaga, esa sensación dolorosa acaba dando paso a un orgasmo…que me llena por tan solo unos segundos, no es que me sienta satisfecha ni plena, pero por lo menos he relajado al monstruo que llevo dentro, me acabo de aclarar, me pongo ropa cómoda y seco mi pelo con la toalla, necesito un café con urgencia.

Sentada delante de mi ordenador, con el café humeante a mi lado, decido buscar otra víctima, en esta pagina ya me quedan pocos contactos a los que pueda seducir, decido ver si hay alguna otra pagina donde encuentre amantes más capaces de aguantar mi ritmo incesante.

Y la encuentro, Nifomanosunidos.com,<< interesante pagina>> accedo a ella y efectivamente es una pagina de contactos, por lo que puedo leer es para personas con una libido insaciable y ferviente ¡perfecto!. Acelero al máximo el inacabable proceso de inscripción, me resulta abrumador inscribirme en este tipo de paginas, te piden de todo, añado las fotos más insinuantes que tengo y marco con paciencia mis preferencias sexuales…Creo que las marco casi todas, mi grado de perversión es incontrolable.

Nada más acabar con el proceso de selección y estar en línea empiezan a entrarme mensajes privados, <<Mmmm, qué rapidez>>

Voy mirando los mensajes, son los típicos de esta clase de páginas, pollas y más pollas, resoplo contrariada, no sé qué espero encontrar, al fin y al cabo estamos en esa página para follar, me llama la atención un mensaje, su nick es Dalí, mi nombre Gala…

Entro y observo con ojo crítico las imágenes, sinceramente tantas pollas me aburren, pero su perfil no es así, fotos insinuantes, en bellos contrastes en blanco y negro, muy parecidas a las mías, tiene un cuerpo escultural y lo máximo que enseña son sus nalgas y deja entrever su miembro viril cubierto con una sábana de raso, me excito al momento, le deseo…

Entablo una conversación por el chat y voy mirando a la espera de su contestación, me estoy poniendo nerviosa, si no me contesta rápido tendré que hacer uso de alguno de mis juguetes, siento las bragas mojadas ante la expectación de su respuesta….

Ahí está, la esperada contestación, es parco en palabras, solo me cita, en un hotel, en una hora…

No soy de ir mucho a hoteles, quizás porqué no me sienta segura, pero donde me ha citado no es un cuchitril, y sinceramente me muero de ganas de conocer a Dalí, concreto con él.

Voy a vestirme, lo más rápido será un vestido, ropa interior de encaje, maquillaje, el pelo recogido, ya estoy lista, la impaciencia me invade.

He llegado al hotel, me espera en el bar, en la barra, lo observo de espaldas, es alto, con un cuerpo por el cual cualquier mujer mataría, la camarera le hace ojitos, mientras él le dice algo, siento en el estómago un vuelco…¿Que me pasa?

Intento mantener la poca calma que parece ser que tengo, es muy extraño en mí, suelo ser muy segura y más a la hora de echar un polvo…¿Por qué a ver tampoco se trata de una cita romántica?

Ando hacía él con paso firme y decidido<< Gala, tranquila, no es nada que no hayas hecho antes, y en sitios peores>> el taconeo incesante de mis pasos inunda el local vacío a esas horas, se gira hacia mí, sus penetrantes ojos negros me cautivan al momento, su boca incita a la lujuria, es puro fuego y lo sabe, con una seguridad pasmosa, se levanta y se acerca, me agarra la cintura, y me da un beso en la mejilla, sin vacilaciones, me arrima más y noto su miembro apretando en mi pierna, se roza insolentemente y me dice al oído…

– Nena, creo que vamos a disfrutar, mucho- Esa manera de decirlo, como ha alargado el <<mucho>> hace que mis bragas se mojen, creo que este hombre es la horma de mi zapato, la pieza que me faltaba.

Me sonríe y se despide de la camarera <<Otra vez esa sensación molesta en la boca del estomago>>

Va dejando caer su mano por mi espalda mientras me indica el camino de la habitación, en un momento dado noto como aprisiona mi nalga y la aprieta de manera firme, doy un respingo, me esta poniendo nerviosa, de verdad, me guiña un ojo y sonríe lascivamente.

Entramos a la habitación, dejo el bolso encima la mesa que se encuentra en el centro de la misma, me empiezo a quitar el abrigo, siempre que se tiene una cita así, los acontecimientos son rápidos, breves, ardientes y distan de conversaciones yo ya estoy preparada para lo que surja.

Le veo desanudando su corbata, dejando su americana, se abre los dos primeros botones de la camisa, todo eso sin apartar sus ojos de mí, se descalza y se dirige al mueble bar, tranquilo, pausado, mientras a mí la inquietud me invade…

-¿Una copa preciosa? Ven siéntate, voy a poner música – No consigo relajarme, no parece una cita normal para follar, demasiados detalles, para un simple polvo rápido…

Le hago caso y me siento cómoda en el sillón que hay en medio de la amplia habitación, mientras él sirve dos copas de un champán frío que tenía preparado en una mesa donde hay dos bandejas más cubiertas…

Se dirige hacía a mí, solo ver como camina, con esa seguridad…Mmmm, creo que en mi vida me ha excitado tanto admirar a un hombre andando, empieza a sonar la música, la voz susurrante, melodiosa de Robert Smith en la canción Lullaby invade la habitación…

– Ahí no preciosa, desnúdate y después túmbate en la mesa.- Me acerca la copa, a los labios, mientras me baja los tirantes de vestido, se sienta en el sillón…

– Sigue tu, cielo, quiero verte…- Me dejo llevar por la música y su forma de mirarme, apacigua a mi monstruo, lo calma a la vez que lo provoca, se relame los labios sin dejar de observar como contoneo mi cuerpo delante de él, me quedo completamente desnuda…sin pudor alguno…

Se levanta sin dejar de observar cada milímetro de mi cuerpo, puedo notar a través de su pantalón lo empalmado que está, me excito aún más si cabe, se toca dejando entrever lo caliente que es, puro fuego, un volcán en erupción, sus ojos dilatados por el deseo, me abruman, no es miedo es otra sensación que aún no consigo distinguir, me da la mano y me dirige a la mesa, hace que me tumbe sobre ella, roza uno de mis pezones, me estremezco, las sensaciones son intensas, muy intensas, creo que si sigue así me voy a correr antes de empezar…

Vierte el líquido de su copa encima de mi pecho y empieza a lamer a succionar, me estira los pezones con pequeños mordiscos, arqueo mi espalda a la sensación de placer que me ofrece, me libera, se aleja de mí sonriendo, la sensación de abandono me inunda, le veo traer la bandeja, llena mi cuerpo de diversas frutas, cortadas en trozos pequeñitos…

– Vas a ser mi desayuno, mi comida y mi cena, espero que no tengas prisa…- Trago saliva ante la expectación que ese hombre me augura.

Lame, come de mí, cada dulce bocado me hace sentir plena a mí también, se deleita en cada minúscula zona de mi piel, eriza mis sentidos, evoca a mi mente perversidades, quiero lamer, comer su polla dura, que se corra en mi boca, pero espero tengo paciencia, le dejo hacer, no tengo prisa por acabar, le necesito, quiero alargar el momento, quiero recrearme en todo lo que me hace sentir…

Sigue humedeciendo mi cuerpo con su lengua experta hasta que sus dedos buscan dentro de mí…

– Mmmm, qué mojada estás cielo- dice mientras se relame el dedo que acaba de sacar de mi coñito húmedo.

No me da tiempo a decir nada, vuelve a profundizar en mí con manos expertas, su movimiento está reclamando mi ya más que esperado orgasmo, intento guardar el placer que me da, alargar el momento, pero sabe lo que se hace..lo sabe muy bien, me corro entre gritos, jadeos, mientras él sigue castigándome con sus movimientos acompasando mi cuerpo, estoy exhausta, le miro, me besa de manera posesiva la boca, el sabor de su saliva me atrapa, me coge en brazos casi sin darme cuenta y me lanza en la cama…

Le veo retirarse la ropa, ahora sus movimientos son apremiantes, torpes, veo el deseo destilando en su piel exudada, se acerca a mí, me da la vuelta de golpe, sin dejarme casi ni mover, aprisionando mi cuerpo con el suyo, empieza a morder mi nuca, a lamer mi espalda,me colma por momentos, sin vacilación siento como me penetra desde atrás, ahonda en mí, aún mis fluidos están recientes y la fricción me esta volviendo loca de nuevo, agarra mi melena y hace que me eleve, empieza a besar de nuevo mi boca, la posición no es cómoda, pero es tan duro, tan excitante, me dejo guiar por él, que me lleve a su mundo de perversión desmedida..

Acelera golpeando fuerte, duro, sin compasión, tengo que sujetarme a las sábanas para no perder el ritmo, no tardamos ni dos minutos en alcanzar el clímax de manera fulgurante, cae rendido a mi lado, con esa sonrisa furtiva suya que me vuelve loca, se gira para mirarme, me atrapa y me acerca a él, suavemente, vuelvo a sentir esa sensación en el estómago…

– Creo que no te he dicho mi nombre, nena- Yo me río, está siendo todo de lo más cómodo, no solo el sexo, también su compañía, él acaba riendo conmigo…

– Hacemos las presentaciones, me llamo Gala- Le digo alargando mi mano, hacia él y sonriendo como creo que nunca he sonreído.

Me mira divertido, se acomoda, y me coge la mano…

– Como sabes, eres mi Gala, si lo deseas, pero yo no soy tú Dalí, me llamo Óscar- Me besa la mano, con una ternura abrumadora.

Pasamos todo el día entre la cama, el sofá, el suelo, nos damos de comer mutuamente, nos enjabonamos juntos en la ducha, volvemos a follar tantas veces como nos place, es incansable, insaciable, reímos, jugamos, nos contamos nuestras vidas…

Dos años después seguimos juntos, hemos conseguido entre los dos aplacar nuestros monstruos, nos complementamos, nos amamos y lo mejor de todo, saciamos juntos nuestra necesidad de follar a todas horas…

Vuestra Bernice

 

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